Marrakech

AVENTURA por el MUNDO

Marrakech

Organizamos nuestra primera incursión al Norte de África con varios meses de antelación, habíamos estado en Turquía 6 meses atrás y nos había encantado, así que viajar de nuevo a un país barato, islámico y exótico nos atraía bastante. Además las circunstancias eran bastante peculiares, ya que el viaje en si coincidía con la última etapa de las vacaciones de mis padres, tras recorrer Portugal-Madeira y la primera etapa de las mías seguida de 26 días en Indonesia. Para rizar más el rizo, debíamos encontrarnos en el aeropuerto de Marrakech, mis padres aterrizarían sobre las 19.00 de la tarde procedentes de Lisboa y yo 5 horas más tarde procedente de Barcelona. La ruta establecida con antelación fue la siguiente:

– Del 29 al 1 Marrakech

– Del 1-4 Excursión en 4×4 hasta el desierto de Merzouga

– Del 5-6 Essaouira

– La noche del 6 al 7 en Marrakech y vuelta los tres juntos a Barcelona.

Todos los riads, los cogimos mediante booking en base a esta ruta, siempre en las Medinas tanto de Marrakech como de Essaouira y la excursión, esperamos a reservarla en una de las muchísimas agencias de Marrakech, con precios infinitamente mas baratos que los ofertados por internet, como detallaré mas adelante. Dicho esto, comienzo con el viaje.

Yo aterricé sobre las 23.30 del 29 de Agosto de 2013 en el aeropuerto MENARA de Marrakech, dos horas de vuelo en primera clase a pesar de tener billete low cost, gracias a una amiga azafata que incluso me evitó la cola de dos horas para facturar en el aeropuerto de Barcelona. La diferencia horaria con Marruecos es de una hora, como en Canarias, al hallarse en diferente latitud. Sin embargo al estar en Ramadán, la diferencia es de dos horas, para así acortar el tiempo de abstinencia de comida, bebida y un laaaaargo etcétera. Como mis padres habían aterrizado a media tarde, ya tenían dinero cambiado y me recibieron con el saludo típico marroquí, 4 besos alternados en cada mejilla jejeje. Tras besos y abrazos, fuimos a buscar el servicio de transfer que había contratado desde España (13 euros por servicio desde el aeropuerto al del Riad, cerca de la plaza Djemma el Fna) y que nos llevó a las puertas del RIAD NESMA (117 euros, tres noches, habitación triple y desayuno incluido), trato excelente, habitaciones súper cómodas, tranquilo, con aire acondicionado y muy cerca de la Plaza. Los riads, son antiguas casas señoriales, reconvertidas en hoteles típicos con decoración y estilo puramente marroquí, donde las habitaciones se encuentran en torno a un patio interior donde se desayuna o se sirve te a la menta. Todos los que encontramos también tenían una terraza en la parte superior con vistas a la ciudad. Tras hacer el check-in y comentarnos en recepción las características de la ciudad (que ya sabíamos) nos fuimos, cerca de la 1 de la mañana, a cenar a plaza Djemma el Fna -patrimonio oral de la Humanidad- donde cada noche se asentaban decenas de puestos de comida y zumos de naranja natural, amaestradores de monos y buitres, encantadores de serpientes, cuentacuentos, aguadores, tatuadoras de henna, faquires, malabaristas…en cuanto pusimos un pie allí fue como retroceder dos siglos en el tiempo…comenzaba nuestra aventura africana. Cenamos en el puesto 35, pinchos de carne variada para mi padre y para mi y ensalada para mi madre, (un poco reacia ante las condiciones higiénicas) así como pan y una especie de salsa de tomate típica especiada y ligeramente picante, una botella de agua grande y te a la menta cortesía del puesto, todo ello por 95 dh (unos 8.5 euros). Tras le cena y la sobremesa donde mis padres me contaron su experiencia por Madeira, Lisboa y alrededores, caminamos por la plaza observando la locura que allí se concentraba hasta que volvimos al hotel a dormir cerca de las 2 de la mañana. Al día siguiente teníamos un planning bastante exhaustivo, seguramente interrumpido por el calor horrible de Marruecos en agosto, que resultó ser bastante soportable.

Plaza Djemma El Fna, Marrakech

Plaza Djemma El Fna, Marrakech

Fauna de la Djemma, Marrakech

Fauna de la Djemma, Marrakech

Al día siguiente nos despertamos sobre las 8.30-9, subimos a desayunar a la azotea en una terraza cubierta y decorada al estilo marroquí. Nos sirvieron un abundante desayuno a base de tostadas, crepes, huevos cocidos, café y te, todo muy rico. En cuanto estuvimos listos salimos en dirección a la MELLAH, barrio judío y el mas pobre de la ciudad. Este barrio, que nos quedaba en dirección contraria a la plaza de la Djemma, ya no albergaba ningún judío, todos emigraron a Egipto durante la segunda Guerra Mundial, dejando sus casas y Sinagogas que aun pueden visitarse, así como observar símbolos judíos y estrellas de David que aún sobreviven en muchos los dinteles de las puertas del barrio. La primera parada fue el Palacio Badí, construido a finales del siglo XVI por el sultán para celebrar la victoria sobre los portugueses y que fue desmantelado un siglo después por el sultán Moulay llevándoselo todo para fundar la nueva ciudad imperial de Meknés. Aunque ya no quede nada, ni siquiera el mármol original, te puedes hacer una idea de lo que pudo ser en su época de esplendor, según los cronistas una maravilla del mundo musulmán. El palacio, también alberga el Minbar originario de la Mezquita Koutubia, esa especie de plataforma elevada y muy decorada, el púlpito donde el imán se para a dar sermones en las mezquitas.

Palacio Badí, Marrakech

Palacio Badí, Marrakech

De ahí fuimos directos a la plaza de los FERBLANTIERS (hojalateros) donde ahora conviven vendedores de especias, lámparas, aromas, jabones y artesanías varias que te encuentras en cada esquina. Aquí conocimos a Ibrahim un amable vendedor que no paraba de regalarnos pintalabios bereber, viagra bereber, menta, palillos bereberes y continuos tes para todos hasta que consiguió vendernos una moderada cantidad de jazmín, mentol y no se cuantas esencias mas que nos dejaron sin los pocos dirhams que teníamos. Escarmentados aunque llenos de mercancía marroquí, fuimos a cambiar dinero y nos dirigimos a las TUMBAS SAADÍES, adentrándonos totalmente en la Mellah. Las tumbas, una de las principales atracciones de Marrakech, es un mausoleo espectacular que acoge a los miembros y familiares de la dinastía saadí, extensamente decorado en mármol. Atravesamos los estrechos callejones para salir y nos encontramos directamente con el mercado de las 10000 especias, y como el calor comenzaba a sobrepasar los 40 grados entramos directamente. Una amable marroquí, nos explicó en perfecto castellano, las propiedades de muchas de las esencias en forma de jabón que allí tenían, así como la forma de extracción del aceite de Argán y sus aplicaciones en forma de mil cremas y propiedades, sin comprar nada y con mucha información en la cabeza salimos al infierno de la calle y sin querer entramos en un mercado del barrio que teníamos enfrente…¡vaya mercado!…restos de animales colgando de las paredes, mujeres con niños pequeños tirados por las esquinas pidiendo limosna, un hedor insoportable procedente del pescado y la carne expuesta a casi 45 grados que lo llenaba todo. Sin rumbo y perdidos, fuimos el blanco de los espontáneos que se ofrecían a llevarnos y que se colocaban si o si delante de ti diciendo, por aquí por aquí, con la intención de llevarte a su tienda o sacarte algunos dirhams por la ayuda. Sin demostrar interés por los guías, caminamos por callejones propios del siglo XVIII, perdimos a mi padre que se paró a comprar agua, se me rompió la chancla en mitad de ninguna parte y mi madre quería salir cuanto antes de la pobreza de aquel barrio que constituía la Mellah…jajaja momento de caos y agobio!! en cuanto nos dimos cuenta estábamos frente a la plaza Ferblantiers…terreno conocido, mi madre respiró profundamente y mi padre aparecía detrás de nosotros con una botella de agua fría bajo el brazo…

Plaza de los Ferblantiers, Marrakech

Plaza de los Ferblantiers, Marrakech

Sin descanso, caminamos hasta el Palacio BAHÍA, muy cerca de donde estábamos. Pagamos la entrada y nos sentamos bajo el árbol que hay en los jardines de la entrada del palacio a beber agua y apartarnos un poco del calor infernal de las horas centrales. En este palacio, construido a finales del siglo XIX y conservado en perfecto estado, si que podía observarse la esencia islámica y marroquí en los tallados, murales y tapices tanto en las estancias centrales como en las estancias de las concubinas, así como los extensos jardines tropicales y estanques que acoge el recinto palaciego. Además de la belleza que hacía de contrapunto con la miseria de la Mellah, estábamos resguardados del calor.

Palacio Bahía, Marrakech

Palacio Bahía, Marrakech

Volvimos de nuevo a la Mellah y nos adentramos en el bazaar de las especias, casi enfrente del Palacio Bahia. Estaba semicubierto y no hacia mucho calor, además el olor era muy característico entre el aroma a jazmín, menta, pachuli y cientos de esencias que emanaban de todos los puestos y tenderetes. Recorrimos el bazaar entero, nos recordó vagamente al de Estambul aunque 100 años antes, este es mucho más arcaico aunque en mi opinión mucho mas auténtico, pues aquí básicamente compraban ellos ya que sin exagerar debíamos de ser los únicos turistas que pusieron el pie allí en todo el día. Salimos por la parte de atrás que da a unos callejones desiertos y caminamos bajo el sol en busca de alguna Sinagoga que aún quedase en pie, pero además de no estar indicadas, los lugareños nos dirigían hacia sitios que tenían poca o ninguna pinta de Sinagoga así que decidimos salir de la Mellah y como en el hotel nos habían recomendado hacer un tour en calesa para ver las 19 puertas que dan acceso a la Medina, pusimos rumbo a la Djemma para regatear el precio del tour. De camino, en la misma calle de nuestro riad, paramos en una especie de tienda donde servían zumos de naranja natural recién exprimidos por 4 dh, y como tenían mesas y sillas en el mismo local allí nos quedamos tomando zumos hasta volvimos a emprender el camino a la plaza, ritual que repetimos todos los días que pasamos en Marrakech. De camino a la plaza fuimos parando en varias agencias para informarnos de las excursiones de 4 días al desierto de Merzouga para hacernos una idea de los precios y rutas y así decidir donde la contrataríamos al día siguiente. Cuando llegamos a la Djemma, primero comentamos la ruta que queríamos hacer alrededor de las murallas de la Medina para ver las puertas y luego regateamos el precio, al principio un poco reacios conseguimos el paseo por 100 dh, mas o menos 1 hora de recorrido. Cuando estábamos a punto de partir desde la plaza, algo comentaron de hacer una parada en las curtidurías y como lo teníamos pendiente en algún momento del viaje, aceptamos, eso si, siempre que a la vuelta pasásemos por las murallas de la Medina. Para nuestra sorpresa, la calesa no salió de la plaza si no que se puso en marcha atravesando los zocos…el espacio era tan limitado que a veces pasábamos rozando las paredes y los objetos que colgaban de las tiendas, además de ser el centro de atención de todos los lugareños que nos observaban con cara de pocos amigos desde sus puestos y se tenían que apartar porque no cabíamos todos. Atravesamos la mediana y salimos a la carretera que la circunda hasta que llegamos a la puerta que da acceso a las curtidurías. Antes de entrar nos adjudicaron un guía que salió de la nada (y que ya sabíamos que posteriormente tendríamos que pagar) y nos dio un ramo de menta a cada uno para contrarrestar el horrible olor de aquel lugar. Si la Mellah nos impactó, las curtidurías pusieron la guinda a la sensación de retroceso temporal, sobre todo a mi madre. Mientras el guía nos iba explicando los diferentes procesos por los que pasaba el tratado de la piel, nos iba señalando las diferentes albercas donde la sosa cáustica descomponía la carne, la grasa y el pelo de que aún tenían las pieles de cabra, camello, cordero, vaca y dromedario cociéndose a más de 40 grados. Había restos de animales en las inmediaciones de las fosas y vapores putrefactos que saturaban el aire y en mitad de todo aquello niños y familias viviendo en condiciones infrahumanas. Cuando el guía terminó de explicarnos todos los procesos, nos llevó a una tienda cercana para que pudiésemos ver (y comprar) el producto final. Nos enseñó las diferencias entre las pieles según el origen del animal, y los diferentes productos naturales para teñirlas. Cuando acabó con la detallada explicación y muestra de productos y llego la hora de comprar, dijimos amablemente NO GRACIAS, lo cual no le hizo ni p.. gracia y tal cual lo dijimos salimos de la tienda. Allí nos esperaba un séquito de gente para que pagásemos el servicio de guía por las curtidurías, creo que total les dimos unos 5-6 euros, tarifa que nos habían recomendado en el hotel, aunque ellos nos pedían bastante más. Así que dijimos que lo sentíamos y volvimos a la calesa para terminar de hacer el recorrido por las murallas de la Medina devolviéndonos al centro de la plaza 1 hora después. A decir verdad, no vimos mas que dos o tres puertas de acceso, porque todo el tiempo lo gastamos en los zocos y las curtidurías pero como lo teníamos previsto, no nos importó, ahora cuando llegó el momento de pagar los 100 dh, nos pedían mas dinero y eso que ya lo habíamos pactado. Les dije que no y que nos habían hecho el tour que les dio la gana y con las mismas nos fuimos a tomar otro zumo de naranja natural…venga hombre a timar a otros, además no se lo recomiendo a nadie porque trataban muy mal a los caballos, cosa que me remordió la conciencia todo el camino!!

El zoco de Marrakech

El zoco de Marrakech

 

Las curtidurías de Marrakech

Las curtidurías de Marrakech

Como ya empezaba a anochecer nos pusimos a buscar sitio para cenar, esta vez en uno de los muchos restaurantes que circundan la plaza y tienen vistas increíbles sobre ella. Mas o menos tienen los mismos precios, salvo Chez Chegrouni, que es más caro, está abarrotado y las vistas no son tan buenas ya que está un poco alejado del centro. Cenamos en uno justo a pie de plaza llamado “TOUBKAL”, dos pizzas y un tajine de pollo, agua y pan, todo unos 130 dh (12 euros) y las vistas más espectaculares sobre la plaza. Tras la cena, seguimos paseando por la plaza, acercándonos a los corros que se formaban en torno a los cuentacuentos. Nos metimos en los mercados de ropa y calzado que hay detrás de los puestos de comida y por supuesto nos acercamos a la mezquita Koutubia, absolutamente rodeada de musulmanes rezando a la Meca, pues al estar en pleno Ramadán, los momentos de oración se hacen eternos y acuden en masa. Tanto es así, que tenían que habilitar zonas en las inmediaciones de la Mezquita para poder acoger a todos los fieles que allí se concentraban cada ocaso, justo antes de levantarse el veto para comer y beber tras todo el día de restricción y en pleno agosto con casi 45 grados. Después de observarles durante un buen rato volvimos tranquilamente al riad, el cansancio de todo el día comenzaba a notarse. Cuando llegamos, Abdul, el recepcionista, nos estuvo comentando muchas cosas acerca de su país, de su política, religión, su problema con los saharauis…cuando nos dimos cuenta eran casi la 1 de la mañana y nos fuimos a dormir. El día siguiente se planteaba intenso.

A la mañana siguiente nos despertamos a las 8 aproximadamente, subimos a desayunar a la terraza y en cuanto estuvimos listos salimos a recorrer la ciudad y contratar la excursión al desierto. La primera parada fue la Mezquita Koutubia y toda la zona que habían habilitado para las oraciones del Ramadán antes de romper el ayuno, cubierto de alfombras y vallado para evitar la entrada de infieles. De aquí seguimos hasta el parque que está justo detrás entra la mezquita y el hotel La Mamunia, pero el calor empezaba a ser tan agobiante que pronto fuimos a buscar un taxi que nos llevase a los Jardines de Majorelle.

Mezquita Koutubia, Marrakech

Mezquita Koutubia, Marrakech

Así fue, en cuanto pactamos 45 dh con el conductor por llevarnos, nos metimos en aquella lata sin aire acondicionado y en 20 min llegamos a las puertas de los Jardines. La entrada fue relativamente cara (50 dh) pero mereció la pena, los jardines son espectaculares, tropicales, frondosos y exhuberantes y entre ellos se encuentra el homenaje al modisto francés Yves Saint Laurent, además de sus cenizas. Tras recorrerlos enteros y descansando en una de las muchas sombras que proporcionaban la tupida vegetación, volvimos a la Medina, concretamente a la puerta más cercana que el taxi nos podía dejar de la Madraza Ben Youssef.

Jardines de Majorelle, Marrakech

Jardines de Majorelle, Marrakech

Como aún quedaba una hora y media para que abriese, nos dedicamos a recorrer los zocos para hacer tiempo. Tintoreros, cesteros, artesanos de madera, ferreteros…todos los oficios estaban allí agrupados por gremios, vendiendo sus trabajos en millones de puestos, tiendas y tenderetes que se congregaban en calles laberínticas y desordenadas. Además como estaba semicubierto nos perdimos por sus callejas durante mucho tiempo. Los zocos me recordaron bastante al Gran Bazaar de Estambul, quiero decir, al Gran Bazaar cien años antes, lo cual lo cual lo hace más auténtico si cabe. Allí se vende todo lo inimaginable desde babuchas, chilabas, lámparas y platos de cerámica hasta puertas, dulces árabes, joyas y todo tipo de ropa para hombre y mujer. Tras dos horas perdidos por los zocos a salvo del calor, llegamos a las puertas de la Madraza Ben Youssef, antigua escuela coránica abierta al público y anexa al la mezquita Ben Youssef. Aquí memorizaban el corán cerca de 800 estudiantes en una de las estructuras arquitectónicas mas impresionantes de marruecos. Construida a base de madera de cerdo con estuco y azulejos, cuenta con un estanque enorme en el antiguo patio de las abluciones y decenas de habitaciones estudiantiles repartidas por el piso superior también decoradas con madera de cedro.

En cuanto salimos pasamos por delante de la Kuba Ba Adyin -cúpula almorávide- que solo pudimos ver desde fuera porque estaba cerrada al público y directamente entramos en el Museo de Marrakech antiguo palacio donde su mayor atractivo es su patio principal. En mi opinión no tiene mucho mas interés así que salimos y volvimos a perdernos por los zocos. Otra vez miles de puestos encantadores que vendían cosas sorprendentes recargadas de color. Tenía muchas ganas de conocer los zocos, había visto muchas imágenes de aquellos estrechos callejones cubiertos con maderas en la parte superior y cientos de establecimientos agrupados por gremios…la verdad es que no me defraudó en absoluto, todo lo contrario, tendríamos que habernos perdido por allí durante más horas. Salimos de los zocos directamente a la Djemma y repetimos nuestro ritual de ir a tomar zumos de naranja natural a una tienda-bar cercana al hotel. Además teníamos que contratar la excursión para el día siguiente en una de las miles de agencias en las que habíamos pedido información el día anterior.

El zoco de Marrakech

El zoco de Marrakech

Nos decantamos por contratar la excursión en una agencia donde el chaval que la llevaba nos daba mas confianza que en todas la demás, no se si porque hablaba un castellano perfecto o porque era muy simpático pero nos quedamos con el. Las rutas en si de 4 días hasta Merzouga son prácticamente similares y las condiciones las mismas. Tras un arduo regateo nos dejó el tour privado en 4×4, con las paradas que nosotros quisiésemos y una ruta que establecimos nosotros, en la que no haríamos mas de 250 km al día, por 200 euros/persona todo incluido salvo las comidas y el agua. Muy buen precio desde mi punto de vista, además mi padre le regateó hasta que el pobre chaval ya no podía bajarnos mas el precio sin perder dinero. Tras zanjar el trato y darle una pequeña señal de 1000 dh -el resto se lo pagaríamos al día siguiente- fuimos a cambiar dinero. Aquí tengo que decir que la chica de la casa de cambio, no se si por despiste o intencionadamente nos daba 1000 dh de menos, así que cuidado con las grandes cantidades, contad el dinero las veces que haga falta delante de ellos, por si te vas ya no puedes reclamar nada. Con casi 7000 dh en el bolso, nos fuimos a la plaza de la Mellah, muy cerca de donde estábamos, a coger un taxi que nos llevase al palmeral, circuito de una hora que consistía en recorrerlo entero, parar en el el tiempo que quisiésemos y volver a la plaza Djemma 1 hora después, todo ello por 90 dh. Tras aceptar, montamos en el taxi y pusimos rumbo al famoso palmeral de Marrakech.

El Palmeral de Marrakech

Primero el taxista nos hizo un recorrido por todo el palmeral, de principio a fin, pasando por las lujosas urbanizaciones que hay en uno de sus extremos así como campos de golf y hoteles para ricos como decía el. Luego dimos la vuelta y volvimos a recorrerlo en sentido contrario hasta que paramos en mitad del palmeral donde había un grupo de camellos para realizar excursiones. Estuvimos paseando entre las palmeras y viendo el atardecer con los camellos como fondo, pero no montamos ya que esta experiencia la reservábamos para las dunas de Merzouga. Paramos también en otro punto para hacer las fotos de rigor y volvimos a la Medina. El taxi nos dejó frente a la Mezquita Koutubia y volvimos a la plaza caminando para buscar un sitio donde cenar, previo zumo de naranja en los puestos centrales. No nos complicamos mucho y cenamos en uno de los restaurantes que hay a pie de plaza. Cenamos excelentes platos marroquíes con vistas increíbles de toda la Djemma, a medida que anochecía los muecines cantaban desde todas las mezquitas circundantes llamando a los fieles a la oración y poniendo fin al Ramadán. Después de cenar paseamos por la plaza hasta bien entrada la noche cuando decidimos volver al hotel ya que al día siguiente nuestra excursión al desierto comenzaba a las 8.30 en la plaza de la Mellah, donde un todoterreno nos estaría esperando con nuestro conductor-guía.

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