2D/1N en el Parque Nacional de Komodo

AVENTURA por el MUNDO

Parque Nacional de Komodo, Indonesia

2D/1N en el Parque Nacional de Komodo

Archipiélago de Komodo, región de dragones

El vuelo hacia Komodo salió puntual con la compañía Merpati Nusantara (55 euros/pax) aunque tengo que decir que durante el mes de julio nos enviaron varios mensajes informando de cambios en los horarios. Al final el vuelo original que debía salir a las 10.10 lo hizo a las 8.50, casi hora y media de antelación.

Sobrevolamos el mastodóntico volcán Tambora, en la isla de Sumbawa, con un inmenso cráter. Nos resultó muy fácil imaginar cuando entró en erupción por última vez en 1815, siendo esta la mayor erupción volcánica registrada de la historia, donde toneladas de ceniza se vertieron sobre la atmósfera, cambiando el clima del planeta durante un año y dejando a Europa sin verano.

Volcán Tambora, Sumbawa, Indonesia

Volcán Tambora, Sumbawa, Indonesia

Tuvimos además la posibilidad de disfrutar todas las islas que conforman Nusa Tengara Barat, y observar el cambio en la vegetación y ecosistemas al atravesar la Línea Wallace. Línea que separa biológica y geográficamente Asia de Oceanía. En la última glaciación una fosa submarina constituyó una barrera infranqueable a ambos lados. Las especies evolucionaron de manera muy distinta creándose unas circunstancias especiales por la que se cree que los dragones de Komodo son endémicos de este único lugar. Por fin llegamos al aeropuerto de juguete de Labuan Bajo, el aeropuerto más minúsculo que jamás he pisado. Solo tiene dos salas, una para la facturación y otra que hace las veces de llegadas y salidas. Tanto es así, que cuando bajas del avión por la escalera móvil, esperas en la sala hasta que un operario trae las maletas a pulso y las coloca sobre una tarima a modo de subasta.

Archipiélago de Komodo, Indonesia

Archipiélago de Komodo, Indonesia

Una vez con la maleta, salimos fuera y cogimos un taxi al hotel que teníamos reservado. Labuan Bajo es un pueblo pesquero con poca afluencia turística, hay pocos hoteles y unas cuantas agencias de buceo. Tiene poca oferta gastronómica y las playas cercanas no son nada del otro mundo… Sin embargo, sirve de base para conocer el increíble Parque Nacional de Komodo por un precio muy asequible. La carretera en Labuan Bajo es circular, esto quiere decir que el pueblo solo tiene una dirección y si te pasas de largo tienes que volver a rodear el pueblo.

Aeropuerto de Komodo

Aeropuerto de Komodo

Llegamos al hotel a las 11 de la mañana y por primera vez en mi vida…overbooking. La verdad es que fue una pena, porque el Green Hill Boutique Hotel, estaba en el medio del pueblo, con vistas a toda la bahía en plena calle principal. El hotel al que nos derivaron estaba a las afueras y no tenía vistas a ningún sitio. Lo bueno es que estaba cerca de una pequeña montaña con un miradora media hora a través de la jungla. Hicimos el check in y nos dejaron reservada una habitación para la vuelta del tour a Komodo de 2D/1N. Como estábamos un poco alejados nos bajaron en coche al centro del pueblo, concretamente en un local donde alquilaban motos, un centro oficial de Perama Tours.

Pasamos por varias agencias preguntando precios y todas pedían una burrada por el tour privado, algunas hasta ¡¡¡2.000.000 por cabeza!!!. Al final, previo regateo, encontramos un sitio donde nos atendió un niño de unos 13 años, que nos dejaba la excursión compartida  por 450.000 rp/pax. Aceptamos el trato y dimos una señal, el resto lo pagaríamos al día siguiente justo antes de salir en barco. En cuanto terminamos, fuimos a comer a un restaurante cerca de Perama tours, no recuerdo el nombre pero si el lugar. La comida escasa e insípida con la posibilidad de aliñarlo con una salsa tan picante que parecías estar masticando un trozo de infierno. Lo mejor, ratas corriendo por el suelo entablado. Ya todo me daba igual, el sitio tenía buenas vistas sobre la bahía de Labuan Bajo y eso lo compensaba todo.

En cuanto terminamos, salimos en moto dirección sur, en busca de alguna playa tropical para pasar la tarde. Por esta carretera, una vez que has salido del pueblo se suceden unos cuantos hoteles de lujo y algún que otro restaurante. Las playas no eran nada del otro mundo, así que fuimos en dirección contraria. Subimos una colina llena de flores y remontamos la carretera pasando por pequeñas penínsulas y bahías. Paramos en una playa en forma de media luna, rodeada de acantilados en sus extremos, con un hotel deshabitado casi al comienzo.

Flores, Komodo, Indonesia

Flores, Indonesia

Estábamos completamente solos, el día estaba totalmente despejado y hacía calor aunque no era agobiante. Nos tumbamos en la toalla a disfrutar del día, el agua en Flores estaba increíble, y el mar parecía una balsa. Después de bañarnos y bucear nos quedamos dormidos en la toalla, hasta que nos despertamos con la puesta de sol. Seguíamos solos y la marea había bajado tanto que comenzaban a asomar los corales. En cuanto se empezó a poner sol, volvimos a la moto y vimos los últimos rayos ponerse en el océano, en algún punto de la carretera que une Labuan Bajo con aquella tranquila bahía.

Cenamos e un restaurante llamado Tree Top con una terraza gigante de madera mirando al mar donde comía de lujo, tanto platos occidentales como cocina indonesia. Después de cenar pollo saté y hamburguesa con batido de plátano, volvimos al hotel, previa parada en un indomaret para abastecernos de provisiones para la aventura de dos días por Komodo (tabaco, chocolate, zumos, cookies…). En Labuan Bajo hay de todo, bancos, agencias, hoteles y a pesar de ser un pequeño pueblo con pocos turistas, está empezando a crecer ya que sirve de punto de partida para conocer Komodo.

A la mañana siguiente, bajamos pronto a desayunar y  dejamos las maletas en el baggage room para la noche siguiente y partir a Bali a media mañana. Dejamos la moto y a las 8.00 estábamos como clavos en la agencia, junto con otros tres italianos con los que compartiríamos no solo el barco sino una gran experiencia. Ellos eran Matia, David y Andrea y al principio no cruzamos más de cuatro palabras. Nos llevaron a un sitio de alquiler de equipo de esnórquel (5 euros el equipo para dos días, gafas, tubo y aletas). Después, fuimos caminando al que sería nuestro barco durante dos días… Era bastante similar al de Borneo, con la salvedad de que en este dormíamos los 5 arriba, mientras que la vida la hacíamos junto a la tripulación en la parte de abajo.

Una vez acomodados partimos rumbo a Rinca, donde haríamos el primer trekking para ver los dragones. Al principio, no hablabamos mucho, pero los tres italianos pronto sacaron unas cervezas y nos convidaron a unas cuantas. Hablamos sobre nuestras respectivas rutas por Indonesia, el tiempo que llevábamos y nuestras experiencias, vamos lo que viene siendo lo típico entre viajeros. Uno de ellos, tenía una erupción bastante preocupante por el cuerpo, y se notaba que estaba preocupado por ello.

Casi dos horas y media tardamos en llegar a Rinca, el paisaje era fascinante, millones de islas poblaban aquella bahía de Labuan Bajo y el Parque Nacional de Komodo. Playas vírgenes de arena blanca resaltaban en todas aquellas islas deshabitadas que íbamos dejando atrás. Atracamos en el pequeño puerto de madera, nos calzamos las deportivas y entramos en la isla por un camino de tierra entre la jungla. Al poco, una explanada seca se extendió ante nosotros y una gran puerta con dos dragones gigantes a ambos lados nos daban la bienvenida al Parque. Fue como entran en Jurassic Park.

Entrada al Parque Nacional, Rinca, Archipiélago de Komodo

Entrada al Parque Nacional, Rinca, Archipiélago de Komodo

Llegamos a Loh Buaya donde se encontraba el campamento para tramitar la visita guiada por un Ranger del parque. Mientras se hacían los trámites estuvimos leyendo una hoja informativa clavada en un árbol que avisaba de los ataques mortales de dragones desde 1987. Emocionados, emprendimos el trekking de dos horas que partía de Loh Buaya y se adentraba en la isla. Primero por la jungla y después por campo abierto para ver la gran variedad de fauna que habitaba. En el mismo campamento, cerca de las cocinas había unos 4-5 varanos durmiendo a la sombra. El tamaño de estos ejemplares era espectacular, fácilmente alcanzaban los 3 metros y allí estaban frente a nosotros, a una distancia prudencial, sacando la lengua de reptil mientras pasaban las horas de calor.

Dragón de Komodo, Isla de Rinca, Archipiélago de Komodo

Dragón de Komodo, Isla de Rinca, Archipiélago de Komodo

Nuestro guía de 13 años nos fue comentando que en aquella isla habitaban aproximadamente 2400 dragones, de los cuales una cuarta parte eran hembras. Ponían los huevos en agujeros y escarbaban unos cuantos más para despistar a otros dragones, puesto que al ser una especie caníbal se comían a las crías. Las hembras custodian los huevos hasta tres meses antes de eclosionar. Entonces las crías suben a los árboles para evitar ser devorados. Gracias al tercer OJO (si eso mismo pensé yo, ¡¡tres ojos!!) que tienen sobre su cabeza vigilan ante posibles ataques de monos y águilas cuando aun son pequeños y viven en los árboles.

Dragón de Komodo

Dragón de Komodo

Cuando alcanzan un tamaño considerable bajan y cazan como ya sabemos. Acechan a su presa desde la espesura y cuando está lo suficientemente cerca atacan alcanzando una velocidad que puede llegar a los 60 km/hora. Primero mordiendo con las mandíbulas, cuya saliva, que tiene más de 60 tipos de bacterias va infectando lentamente a su presa. Los dragones siguen durante días al animal moribundo hasta que muere, entonces todos los dragones devoran el cuerpo.

Dragón de Komodo, Parque Nacional de Komodo

Dragón de Komodo, Parque Nacional de Komodo

Justo cuando terminó de contarnos todo esto, llegamos a un nido donde dos dragones luchaban cuerpo a cuerpo. Una vigilaba los agujeros donde tenía los huevos, mientras otro atacaba con la boca abierta desde la jungla. Era como un terremoto. Nos quedamos flipados viendo el combate cuerpo a cuerpo entre los dos dragones, además el guía nos dijo que era muy difícil ver algo así en directo. Continuamos el camino por la espesura de la jungla. A nuestro paso íbamos viendo jabalíes, ciervos y búfalos de agua que aguardaban en charcos y pantanos para protegerse de los varanos. Según avanzamos por el camino de tierra veíamos dragones moviéndose ruidosamente por la selva y desapareciendo entre la espesura. Increíble.

Búfalo de agua, Rinca, Parque Nacional de Komodo

Búfalo de agua, Rinca, Parque Nacional de Komodo

Llegamos al final de la jungla y salimos campo a través por la zona más alta de la isla desde donde teníamos magníficas vistas de todo el archipiélago. Aquí te das cuanta que la vegetación nada tiene que ver con la frondosidad y exuberancia Lombok y Bali. Justo en la parte más alta nos hicimos una foto de grupo con el guía y su palo de madera defensivo.

Isla de Rinca, Archipiélago de Komodo

Isla de Rinca, Archipiélago de Komodo

Desde aquí volvimos al campamento Loh Buaya cumpliendo así algo más de dos horas de recorrido por la Isla de Rinca. Al acabar, nos despedimos del Ranger y regresamos al barco para comer. Al día siguiente visitaríamos Komodo y esa misma tarde la dedicaríamos a bucear en Pink Beach. La comida consistió en arroz, pollo, verduras y noodles. Todo excelente. Tengo que decir que era muy parecida a la que comimos en Borneo, tanto las comidas como los desayunos como el café soluble con leche condensada.

Después de comer, seguimos navegando hasta Pink Beach, donde buceamos durante tres horas. Miles de corales, sobre todo rojos y blancos que al mezclarse daban ese característico color rosa de la playa. Peces de todos los colores, estrellas de mar y cuando menos lo esperaba….tortugas marinas. Cuando ya pensaba que había perdido la oportunidad en las Gilis de poder bucear con ellas, aparecen aquí. Las seguimos durante un rato largo hasta que desaparecieron en la oscuridad del mar abierto. La verdad es que la vida marina que habíamos disfrutado en Komodo había sido la mejor hasta la fecha con gran diferencia, tanto en belleza como en biodiversidad. Además guardo un recuerdo especial por haber cumplido el deseo de bucear con tortugas marinas al haberme quedado con las ganas en Gili Air.

Una vez todos en el barco, pusimos rumbo a una de las islas de archipiélago con un gran entrante de agua en forma de laguna. Allí atracamos el barco para pasar la noche, como aun era de día, nos sentamos en la popa del barco para ver el atardecer y los zorros voladores que cruzaban el cielo con el ocaso. En cuanto se hizo de noche nos metimos en cubierta para cenar, charlar un rato largo y prepararnos para dormir, mientras la tripulación pescaba con caña. No se que hora era cuando nos dormimos, pero se que nos despertamos con el amanecer y esto sería más o menos las 6 de la mañana.

En cuanto hubimos desayunado, arrancaron los motores en dirección a las Isla de Komodo para hacer un trekking. El protocolo fue idéntico que la otra vez, con la salvedad de que el barco atracó en un muelle de madera y tuvimos que recorrer la playa hasta llegar al campamento base. Como las tasas ya estaban pagadas, el trámite del guía fue rápido y en poco tiempo estábamos emprendiendo el trekking de 1 hora por Komodo.

Entrada al Parque Nacional, Archipiélago de Komodo

Entrada al Parque Nacional, Archipiélago de Komodo

Durante el tour, atravesamos la jungla, subimos a una pequeña montaña, pasamos por Sulphera Area, donde emanaban vapores sulfurosos. Volvimos a bajar al campamento y en todo el trayecto tan solo vimos un dragón a medio camino, medio dormido a la sombra y algún que otro ciervo y cerdo salvaje. En el campamento base, había alguno que otro cerca de las cocinas, supongo que atraídos por el olor. Para que los turistas no se vayan de la isla sin ver dragones siempre hay unos cuantos en la entrada de los campamentos, supongo que alimentados por los propios rangers. Como ya habíamos visto una lucha y dragones en la isla de Rinca, este tour sirvió para poner la guinda a un viaje excepcional por el Archipiélago de Komodo.

Parque Nacional de Komodo, Isla de Komodo, Indonesia

Parque Nacional de Komodo, Isla de Komodo, Indonesia

Cuando acabamos el trekking, estuvimos contemplando durante un buen rato los dragones de las cocinas hasta que volvimos al barco. En el camino de regreso a Labuan Bajo, que nos llevaría todo el día, teníamos aún pendiente parar en dos sitios de buceo, Manta Point y Bidadari. Tardamos del orden de tres horas en llegar a punto de avistamiento de mantas, tres horas que dedicamos a tomar el sol en la popa del barco.

Cuando llegamos me di cuenta de que estábamos en el paraíso. Rodeados de atolones de arena blanca con palmeras y agua azul turquesa transparente como nunca había visto. Pues allá vamos. En cuanto el guía nos dio el aviso para tirarnos, saltamos al agua. Por ignorancia no me percaté, o más bien, no le di importancia al hecho de tirarnos por la popa y salir a la superficie por la proa del barco, debido a la terrible corriente que había. Movidos por la excitación de buscar mantas, nos fuimos alejando cada vez más, llevados por la marea. En cuanto divisamos una, nos quedamos observándola sin aletear, con lo cual cuando levanté la cabeza al cabo de una rato fui consciente de lo lejísimos que estábamos.

De vuelta al barco fuí consciente de que tenía que dar cuatro brazadas para poder avanzar un metro. Lo único que podía pensar es que me estaba cansando mucho y aún me queda bastante distancia por nadar y el pánico comenzaba a aumentar lentamente en mi cabeza. Es posible que no pueda llegar. Mierda. Me quite las gafas y el tubo y comencé a nadar mas fuerte, los brazos y la piernas me ardían y si me paraba para descansar retrocedía lo que había avanzado. No puede ser, no me creía que no pudiera llegar al barco y mientras pensaba esto empecé a tragar agua. Seguía nadando, ahora si que estaba totalmente aterrorizado. Levanté la cabeza y apenas estaba 20 metros del barco, el guía me miró y supongo que vio en mi cara algún signo de peligro porque se inclinó sobre la barandilla para verme mejor. NO LLEGO.

Me tiró una cuerda pero no llegaba a ella. Cogio una mas larga y la cogí con fuerza. Entonces me relajé y fui trepando por ella hasta que llegué a cubierta. Cuando puse un pie en el barco me ardía el cuerpo, no podía mover los brazos ni el pecho y tenía ganas de vomitar.

Señores con esto quiero decir, el peligro que corrimos en aquella experiencia, sobre todo por el hecho de que si hubiésemos sido avisados de la corriente no nos hubiésemos aventurado a seguir una manta, pero nadie nos advirtió y el guía ni siquiera hablaba inglés. Y eso que yo estoy en muy buena forma fisica, no me quiero ni imaginar qué hubiera pasado si una familia se hubiese lanzado allí sin previo aviso. Pasado el mal trago, nunca mejor dicho, me quedé dormido en la parte de arriba hasta que me avisaron para comer. Llené el estómago con noodles y me puse a tomar el sol mientras navegábamos hacia Bidadari.

La última parada fue Bidadari, nos dejaron en la orilla y nos fuimos directos a bucear. Lo sé, casi a punto de ahogarme y otra vez de vuelta al mar, pero me encanta. Allí pasamos las últimas tres horas del tour, buceando y tomando el sol en un enclave de película al  final de nuestra estancia en Flores. Llegamos al muelle de Labuan Bajo cerca de las 18.00 de la tarde con la noche casi encima. Antes de despedirnos de los italianos, quedamos con ellos, a las 21.00 en la entrada del restaurante Tree Top para cenar como de despedida. Después, cogimos uno de esos vehículos-taxi tipo furgoneta que recorrer el pueblo volvimos al hotel.

Nos duchamos en cuanto llegamos para poder dar una vuelta por las tiendas del pueblo. Especialmente una de artículos de artesanía donde  había visto un salvavidas de madera a tamaño real, con la inscripción de Komodo en la parte superior. Lo conseguí por 200.000 rp, era precio fijo y ni me planteé regatearlo. El problema ahora era meterlo en la maleta, pero en eso ya pensaría al día siguiente.

Fuimos a cenar con los italianos en el Tree Top, el mismo en el que habíamos cenado la primera noche que llegamos. Estuvimos más de dos horas hablando del tour por Komodo e Indonesia, futuros destinos, España, Italia. Además me puse en contacto con dos amigas médicas, vía whatsapp, para intentar saber qué era sarpullido que tenía Andrea por todo el cuerpo.

En resumidas cuentas fue una gran velada para todos. Sobre las 23 horas mas o menos, nos despedimos en la entrada del restaurante y volvimos caminando al hotel. Por el camino paramos en un 24 horas, tipo Indomaret, para abastecernos de chocolatinas, agua y tabaco. Cuando llegamos al hotel solicitamos un transfer para ir al aeropuerto al día siguiente y subimos a la terraza del hotel para conectarnos al wifi, solo nosotros y los miles de gekos que corrían por las paredes. Nos metimos en la cama cerca de la 1 am. A la mañana siguiente teníamos el transfer a las 10.30 y el vuelo, en principio, a las 12.00.

En el pequeñísimo aeropuerto de Labuan Bajo, nos atendieron en los mostradores de merpati nussantara, unas niñas de apenas 13 años que tramitaron los billetes. El vuelo a Bali transcurrió sin ningún percance en aquel minúsculo avión de tan solo 15 filas. La experiencia en Komodo, resultó mucho más increíble de lo que imaginábamos. Además de constituir un cambio radical en cuanto al paisaje, pudimos disfrutar largo y tendido de los dragones y del entorno de aquel Parque Nacional. Tuvimos la oportunidad de bucear en arrecifes de coral con tortugas marinas en uno de los mejores enclaves del planeta. Lo grandes momentos en el barco, y las largas conversaciones mientras surcábamos el Mar de Flores, con David, Mattia y Andrea fueron memorables. En resumen, una de las mejores etapas del viaje junto con los Orangutanes de Borneo http://aventuraporelmundo.com/borneo-orangutan-tour/. Y ahora, comenzaba nuestra última y mas esperada etapa…Bali.

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