Aqaba y el Mar Rojo

AVENTURA por el MUNDO

Aqaba y el Mar Rojo

Llegamos a Aqaba sin problema con el GPS, pero como era pronto seguimos de largo hacia Tala Bay. Los 12 km de costa que tiene Jordania fueron cedidos por Arabia Saudí a cambio de una amplia región de desierto. Con esta pequeña franja costera, Jordania cuenta con un pequeño puerto, astilleros y sobre todo una gran zona de buceo mundialmente conocida por ser uno de los mejores enclaves del mundo para bucear. Una vez que pasamos Aqaba de largo seguimos 5 km más hasta una zona de playa frente a dos centros de buceo conocidos como Barracuda y Sea Star. Nos pusimos el bañador, cogí mi equipo de snorkel y entramos en la playa hasta la bandera de jordanos acampados allí o haciendo barbacoa. No es que sus playas sean una maravilla, porque realmente no lo son, la arena está sucia y hay bastante basura no solo aquí sino a lo largo y ancho del país.

Mar Rojo con Israel al fondo

Mar Rojo con Israel al fondo

Pero bajo esas aguas cristalinas y azules, se esconde un verdadero tesoro. Sin pensarlo entré en el agua a pesar de que no estaba especialmente caliente. Al principio lo único que veía era coral muerto, gris y sin rastro de vida marina…hasta que avancé unos 15 metros donde el cambio fue diametral. Miles de peces tropicales, corales de todos los colores sobre un fondo azul turquesa impresionante. Estaba lo suficientemente alejado de la costa como para evitar la llegada de bañistas, con lo cual estaba relativamente intacto. Como solo teníamos un equipo, regresé a la orilla y se lo di a mi padre para que fuese al arrecife, mientras mi madre se reservaba para el día siguiente, el cual dedicaríamos totalmente al buceo en los arrecifes de la costa jordana y a escasos kilómetros de Israel, Egipto y Arabia Saudí. Mi padre salió encantado con lo que acababa de ver bajo el agua y como empezaba a atardecer decidimos volver a Aqaba, ducharnos, cenar a lo grande y descansar para el día siguiente llegar pronto a la playa para alquilar el equipo.

Buceando en el Mar Rojo, Aqaba

Con el GPS llegamos al hotel en menos de 20 minutos, inmejorablemente situado, en pleno paseo cerca del zoco y rodeado de restaurantes, tiendas, destilerías y carruajes horteras llenos de luces y colores que iban y venían llevando turistas. Aqaba es el equivalente jordano a una ciudad mediterránea en agosto, pero en versión árabe, al estilo Antalya en la costa turca o Sharm el Sheik en Egipto. Los precios aquí son ligeramente más bajos, los restaurantes con precios muy competitivos y nos proporcionaba unos días de playa y relax después de varios días a full por toda Jordania. Reservamos dos noches en el hotel Al Marsa (100 JD 3 pers/2 noches con desayuno), limpio, amplio, excelente situación y desayuno muy abundante. Bajamos a cenar a la terraza del restaurante que estaba debajo del hotel. Los platos eran súper abundantes tanto de carnes como de pescados con sus respectivas guarniciones, tanto fue así que repetimos todas la noches que estuvimos en Aqaba. Al acabar dimos un paseo por las inmediaciones hasta que el cansancio de todo el día empezó a hacer mella en nosotros y volvimos al hotel a dormir. Bueno esa fue la intención, porque la final del Barça-Madrid se vive aquí como en la mismísima Barcelona, con terrazas abarrotadas de aficionados viendo el partido en plasmas enormes.

 

Llegando a la frontera de Arabia Saudí

Llegando a la frontera de Arabia Saudí

Al día siguiente, después del desayuno salimos en coche hacia el sur, hacia la frontera con Arabia. Las playas públicas jordanas, están numeradas del 1 al 7 consecutivamente a medida que te alejas de Aqaba. Entendiendo el valor del turismo playero, están llevando a cabo un plan de acondicionamiento de todo el litoral, construyendo amplios paseos, duchas, sombrillas, tumbonas y todo lo que conlleva el turismo playero. Llegamos hasta Tala Bay y nos acercamos al hotel Dharna Village, situado frente al Bedouin Moon Village. Allí había un centro de buceo anexo al mismo hotel. Preguntamos el precio por el alquiler de tres equipos de snorkel y tras un breve regateó nos lo dejó por 6 euros cada uno. Justo enfrente se encontraban, según el mapa una zona de buceo conocida como Yellowstone Reef. Así que con el equipo en la mano, nos dirigimos a la playa pública. Dejamos el coche en el aparcamiento gratuito, dejamos las toallas debajo de una sombrilla -hasta ahora todo gratis- y nos metimos en el mar. IMG_2926Mi madres nunca había hecho snorkel y la sensación de respirar por la boca debajo del agua le daba un poco de angustia, tras varios intentos, se relajó y conseguimos avanzar buceando hasta el arrecife. En cuanto vio la maravilla que escondían aquellas aguas, saco la cabeza, se quitó las gafas y me dijo emocionada “David, que maravilla, esto es espectacular”. Según me fue contando a lo largo del día, jamás pensó que en su vida iba a practicar el snorkel y mucho menos poder ver con sus propios ojos los arrecifes de coral. Y la verdad que poder disfrutar de ver a mis padres haciendo cosas que nunca pensaban que harían en su vida hace que me sienta feliz. Miles de peces de colores, corales, estrellas de mar, peces de todos los tamaños…pasamos varias horas buceando en aquel arrecife, alternando playa y snorkel. Cada vez que entrábamos, pasábamos de largo la primera zona de coral muerto y llegábamos hasta el otro lado del arrecife donde aumentaba la profundidad y el fondo era espectacular. El sol pegaba con fuerza rozando casi los 35 grados en las horas centrales del día. A medida que iba pasando la tarde, docenas de familias jordanas acudían a las playas con sus tuppers y bártulos para hacer barbacoas en comuna.

Abandonamos la playa cerca de las 6 de la tarde, en esa época del año a las 19.30 ya era casi de noche. Así que dejamos el equipo en el Dharna Village y volvimos a Aqaba para repetir el ritual del día anterior. Nos duchamos, nos vestimos y bajamos a cenar a la terraza del día anterior. Esa noche mi padre y yo pedimos una parrillada de 1kg de carnes para compartir y mi madre pescado a la parrilla, con bebidas incluidas y pan (23 JD todo). Bien fartucos, esa noche fuimos a dar una vuelta por el zoco, repleta de tiendas de suvenires, pañuelos, carnicerías, botellas de arena, librerías, joyerías, tiendas de ropa, especias… Entramos por casualidad en una librería para ver que libros de Jordania-Petra tenían y cuando menos los esperaba me encuentro la Guía Arqueológica de Fabio Bourbon que tanto había buscado en Barcelona y que nunca llegué a encontrar. Allí estaba, por 8 JD la guía que compré y que no conseguí rebajar ni medio dinar. Seguimos dando vueltas por el zoco, haciendo las últimas compras del viaje y perdiéndonos por las tiendas del zoco.

 Volvimos al hotel cerca de las 22.30, al día siguiente nos esperaba nuestro último día de snorkel y después de comer partiríamos hacia Mábada por la Carretera del Rey, pasando por el castillo de Karak, y de ahí al aeropuerto. Pero antes nos quedaban por delante largas horas de buceo en los arrecifes.

El último día nos levantamos a las 8 y bajamos a desayunar para aprovechar la mañana. Hicimos el check in y pusimos rumbo a Coral Bay, pasándolo de largo y acercándonos peligrosamente a la frontera Saudí. Por allí, en una de las playas públicas dejamos el coche y entramos en la playa, que contaba con restaurante, duchas y un arrecife coralino conocido como “Jardín Japonés” mejor si cabe que el día anterior. Cuando estábamos bajando por el complejo apareció un beduino al que le alquilamos el equipo para medio día y que tras un arduo regateo nos dejó por 2 JD. Dejamos las bolsas bajo la sombra de una palmera y entramos al agua. El Jardín Japonés contaba con más peces tropicales, más coral y más belleza marina que el día anterior. Quizá por la dificultad para llegar el arrecife no estaba tan dañado en aquella zona. Pasamos más de 4 horas buceando por las inmediaciones, pasando la barrera que delimita la zona de snorkel-baño de la zona de paso de barcos. Miles de bancos de peces multicolores y corales por todas partes que pude retratar gracias a la cámara acuática GoPRO con las que hice más de 200 fotos y vídeos

 Sobre las 15 de la tarde, utilizamos las duchas públicas (25 pastries que vienen a ser 25 céntimos de euro) y salimos de Aqaba para poner rumbo a Mádaba por la autopista del Desierto desviándonos hacia el Castillo de Karak. Según el GPS 3 horas nos separaban del castillo templario y como la hora de cierre eran las 19, lo hicimos del tirón sin parar. Llegamos sobre las 17.30 a la entrada del Castillo, aparcamos justo en frente y entramos. Después de todo lo que llevábamos a la espalda en este viaje el Castillo me dejó un poco indiferente y tenía tanta hambre que ya no veía más allá. Ah se me olvidaba, cuando llegamos a la entrada el tipo que vendía los tickets nos dijo que estaba cerrado y como iba a hacer la vista gorda con nosotros el precio por los 3 era de 10 JD… ja ja ja le dije que no, que la hora de cierre eran las 19 a lo que me respondió que no, que eran las 17. Bueno quizás era así no lo sé, no había ningún cartel informativo con el horario. Le dije que aun así el precio era 1 JD, y que no iba a darle más, lo tomaba o lo dejaba. Aceptó y pagamos el dinar estipulado como entrada en el Castillo de Karak. Dedicamos algo menos de 1 hora a recorrer sus intramuros, murallas, atalayas, pasadizos y a disfrutar de las vistas que desde allí se disfrutaban de todo el valle. La verdad que el castillo se encuentra muy bien conservado y su estampa coronando la cima de la colina sobre el pueblo es espectacular. Salimos por donde entramos y nos dirigimos directamente a uno de los muchos restaurantes que había en las inmediaciones, con el fin de engañar un poco al estómago antes de cenar en Mádaba. Si pudiera volver a atrás, hubiera dedicado todo el día a bucear y descansar en las playas de Aqaba e ir directamente a Mádaba por la autopista que se tardaba exactamente lo mismo que hasta Karak. Lo dicho, con todo lo visto durante el viaje, el Castillo templario no me impresionó en absoluto.

CASTILLO DE KARAK

De aquí cogimos la Carretera de los Reyes, llena de horribles badenes, algo que nadie menciona en ningún diario y es digno de recalcar. Al cabo de hora y media que se me hizo eterna entre tanto bote, llegamos al punto donde habíamos iniciado el viaje 7 días atrás en Mádaba. Como era terreno conocido, aparcamos el coche cerca de la Iglesia de San Jorge y fuimos directamente a uno de los restaurantes donde fumamos sisha el primer día.

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