La vieja Delhi: primer contacto

AVENTURA por el MUNDO

Mausoleo de Humayun, Nueva Delhi

La vieja Delhi: primer contacto

Dos días en la capital de India: qué ver en Delhi, cómo llegar, precios y consejos

Aquí comienza un viaje por libre en el que me llevé a mis padres a recorrer la India. De norte a sur, fuimos trazando una ruta que empezó en Nueva Delhi y nos llevó hasta la alejada provincia de Kerala en el extremo sur del país. Desde Varanasi hasta el exótico Rajastán fuimos recorriendo con trenes nocturnos la parte norte del país antes de volar al sur con una escala de tres días en Bombay.

Salimos de Barcelona a finales de julio con la compañía Turkish Airlines (585 euros). Tras tres horas de vuelo y una escala de casi cuatro horas, volvimos a despegar en el aeropuerto de Attaturk con destino a Delhi. Con puntualidad británica aterrizamos en el Aeropuerto Internacional Indira Gandhi a las 4.20 de la mañana, con una diferencia horaria de 3 horas y media respecto a España. Pasamos el control de pasaportes sin mayor problema, recogimos las maletas, cambiamos 20 euros, y salimos directamente al chiringuito de taxis prepago, donde nos pidieron 400 INR por llevarnos al hotel en Paharganj, Old Delhi.

Aquí cuidado porque cuando te diriges al taxi, aparecen unos cuantos indios amables que, sin darte opción, te arrancan las maletas de las manos para ayudarte y luego pedirte dinero por la ayuda. El taxi era un híbrido entre coche y tuk-tuk, una especie de carromato achatado que nos llevó al hotel. Durante el trayecto empezó a amanecer, la humedad era muy alta pero el calor todavía no y había mucha gente haciendo running, tanto civiles como militares.

Una vez que entramos en la ciudad, atravesamos grandes avenidas donde los monos campaban a sus anchas. Eran las 5 y pico de la mañana y aún no había mucho tráfico. Entramos en la vieja Delhi y todo empezó a cambiar. Basura, calles sin asfaltar, vacas, gente, perros, millones de cables sobre las fachadas… Paharganj es un auténtico suburbio caótico, a rebosar de tiendas y restaurantes económicos. Llegamos al hotel guiando al taxista hasta la ubicación exacta gracias al gps del móvil. Hicimos el check in en el hotel Su Shree Continental (2 días/3 pers. con desayuno y a/a, 33 euros). Bastante correcto, más cutrillo en persona que por fotos pero estaba bien y lo más importante…ya estábamos en Delhi!.

A pesar de que mucha gente la descarta, nosotros decidimos pasar dos días en la capital. Salimos del hotel en dirección Chandni Chowk y como aún eran las 7 de la mañana decidimos llegar callejeando. Chandni Chowk es uno de los mercados mas antiguas de la India. Un autentico bazaar laberínticos de tiendas especializadas agrupadas en gremios. El crisol de culturas en armonía se hace patente cuando paseas por las calles abarrotadas de la ciudad amurallada. Allí empezaba la locura, cientos de personas agolpados en la carretera, carros tirados por bueyes, miles de puestos de abalorios hindúes, comida, utensilios, ropa. El calor aumentaba de manera exponencial junto al ruido y la gente. Los coches pitando sin parar, todos mirándote descaradamente, caminando sobre basura. Los sentidos se saturan en los primeros minutos sin dar a basto a procesarlo todo.

Chadni Chowk, Vieja Delhi

Chandni Chowk, Vieja Delhi

Íbamos tranquilamente caminando por Qutab rd, paralelos a las vías del tren. Yo delante guiado por el gps y aparentemente mis padres expectantes detrás de mi esquivando gente, vacas y tuk-tuks. Atravesamos Chandni Chowk e hicimos la primera parada en un templo Sij.

El sijismo es una religión monoteísta india que se desarrolló durante el conflicto entre doctrinas cristiana e islámica en el siglo XVI. Tiene unos 25 millones de seguidores, mayoritariamente en India. Se caracterizan por su larga barba y su turbante y por lo que pude comprobar, bastante bien posicionados en la sociedad. Su templo principal es el conocido Templo Dorado de Amritsar, aunque hay muchos dispersados por el norte de la India y Delhi, como en el que nos encontrábamos ahora y cuya entrada es libre para turistas.

Nos acercamos sin saber muy bien que era, hasta que un sij se acercó amablemente a nosotros y nos invitó a entrar sin calzado y con turbante. Varias docenas de sijs, hombres y mujeres, rezaban dentro sentados en el suelo frente a un altar bastante recargado. Recorrimos todo el templo, desde la sala de oración hasta la parte de atrás del altar donde los sijs pasaban rezando frente a lo que parecía una tumba.

Templo Sij, Chadni Chowk. Vieja Delhi

Templo Sij, Chandni Chowk. Vieja Delhi

Seguimos caminando hasta el Fuerte Rojo cuya entrada está al final de Chandni Chowk. Atravesamos sus enormes murallas de arenisca roja por la Puerta de Lahore, orientada hacia Pakistán y segunda ciudad en importancia durante el Imperio Mogol. Recorrimos el fuerte protegiéndonos del calor en los pabellones que hay dentro de sus murallas. La verdad es que no me impresionó mucho, lo más destacable en mi opinión es su muralla y las puertas que dan acceso a él. Por lo demás solo sirvió para huir del calor y el bullicio de la vieja Delhi.

Seguimos caminando hasta la mezquita Jama Masjid, la más grande de la India y rival de Fatehpur Sikri. La mezquita del viernes, como se la conoce, tiene capacidad para 25000 personas y está situada en Old Delhi. Como el calor empezaba a agobiar buscamos un “restaurante” en las inmediaciones de la mezquita para tomar un refresco. La verdad que la vieja Delhi es dura, entre calor, el ruido y la miseria hace que en ocasiones sea difícil transitar por sus calles destartaladas. Por esta razón quizás mucha gente que llega a la India, evita Delhi a pesar de los grandes monumentos, mercados y templos que ofrece la ciudad. No en vano, apenas vimos turistas, ni siquiera en los puntos monumentales más importantes como el Mausoleo de Humayun o el Templo de Loto.

Una vez que recuperamos fuerzas decidimos volver al hotel a descansar, recordad que empezamos el viaje directamente sin dormir. Una hora después llegamos caminando al hotel. Compramos una botella de agua fría y subimos a la habitación con el aire acondicionado a tope.

Dormimos un par de horas, coincidiendo con las horas centrales del día y salimos de nuevo. Primero paramos a comer en uno de los restaurantes de la calle Main Bazaar, donde venden todo tipo de artesanías de TODA la India y con los mejores precios de TODA la India. Pedimos noodles con pollo y arroz también con pollo, agua y cerveza (600 INR). En cuanto terminamos salimos rumbo a Connaught Place, 30 minutos a pie desde Paharganj. Aquí la cosa ya empezaba a cambiar, aceras, largas avenidas asfaltadas, jardines, edificios nuevos y habitables… la Nueva Delhi. Atrás dejábamos la locura de la vieja ciudad.

Llegamos a CP, como lo llaman los locales, a través del círculo exterior hasta la plaza central, atravesando casas blancas repletas de tiendas, bancos y restaurantes elegantes. Caminamos hasta el parque donde ondeaba una inmensa bandera de la India. Aquello era otra cosa y se reflejaba en la cara de mis padres. Por suerte se había nublado completamente y la temperatura era agradable, además ya estábamos cerca del atardecer. Decidimos entonces caminar hasta la Puerta de la India, a otra media hora caminando.

Puerta de la India, Nueva Delhi

Puerta de la India, Nueva Delhi

Los jardines que rodeaban India Gate, estaban hasta la bandera de familias haciendo picnics con familiares y amigos al atardecer. Todos ellos con sus mejores galas, ellas vestidas con saris megacoloridos y los niños vestidos de príncipes y princesas. Y lo más importante, todos se querían fotografiar con nosotros, aunque fuese nuestra cámara.

Bien entrada la noche, decidimos volver en tuk-tuk a Main Bazar para cenar. Regateamos la vuelta por 40 INR y nos dejaron justo en la entrada de la calle. Caminamos hasta la plaza donde están los restaurantes rooftop y entramos en uno de ellos al azar. Buenos precios, limpio y unas vistas increíbles de toda la zona, además cerveza y milkshakes de todo tipo de frutas. Cenamos tranquilamente mientras veíamos la vida en la plaza, coches pitando, vacas, barullo, puestos humeantes de comida, gente arriba y abajo… Estábamos en Delhi por si aún no nos había quedado claro.

Allí conocimos a dos chavales que terminaban su viaje por India y Nepal y se iban al día siguiente a recorrer Tailandia y Camboya. Qué envidia poder viajar durante dos meses, pensé. En cuanto terminamos, nos despedimos y bajamos a la calle para recorrer los alrededores de Paharganj. Muchas de las calles estaban sin asfaltar y medio inundadas, y era un continuo de tiendas de especias y puestos callejeros donde se vendía desde frutas y verduras hasta recambios para coche. Al cabo de un rato, el cansancio empezaba a hacer mella en nosotros y decidimos irnos al hotel a dormir. Eran cerca de las 22 y al día siguiente nos esperaba un día intenso.

Main Bazaar, Paharganj. Vieja Delhi

Main Bazaar, Paharganj. Vieja Delhi

A la mañana siguiente nos levantamos pronto para ir a recorrer parte de la Nueva Delhi, esperando que las impresiones en esta parte de la ciudad fueran geniales. Decidimos ir en metro hasta Qutub Minar, cogiendo el metro en la cercana parada de New Delhi Station, donde también se ofrece servicio Airport Express directo al aeropuerto. Pasamos las vías del tren y llegamos la estación, compramos en la taquilla tres bonos de ida (107 INR). El bono del metro se rige por distancias, y cuanto mas lejos mas caro, lo cual si lo piensas es lógico para una gran urbe con 18 millones de habitantes.

Fuimos hasta las vías del tren, reparando en que había una sección de vagones exclusivamente para mujeres, para evitar acosos o algo peor. Entramos en un vagón mixto donde las mujeres que allí viajaban iban acompañadas por hombres en todos los casos. En fin, Increible India. Todo esto sin mencionar que cada vagón iba de gente hasta la bandera y todos ellos mirándonos descaradamente de arriba a abajo.

El trayecto duró algo más de 40 minutos y la última parte al aire libre, es decir, en plan skytrain de Bangkok. Cuando bajamos, nos vimos en medio de una autopista rodeada de jungla y vacas. ¿Y ahora qué? seguimos el GPS pensando por qué narices llaman a esta estación Qutub Minar cuando el recinto arqueológico está a tomar vientos de allí. Caminamos bajo el sol a 40 grados, con un tráfico infernal hasta que por fin vimos la indicación correcta. Llegamos a la entrada al tiempo que comenzaba a nublarse. Pagamos la entrada -250 INR- y allá fuimos.

Este complejo es un recinto arqueológico construido por sultanes. Entre todo ello, destaca la propia Qutub Minar, una torre de 73 m de altura erigida para conmemorar la victoria sobre los hindúes. Consta de 5 niveles, alternando arenisca y versículos del Corán tallados. A los pies de ella, se extiende la que fue la primera mezquita de la India, con increíbles tallajes sobre sus muros. El recinto es bastante grande y situado en un entorno tranquilo y alejado de la locura de la ciudad. También vimos Alai Minar, otra torre pensada para ser el doble de alta que la primera pero solo consta de un nivel, ya que ninguno de los sultanes posteriores se arriesgó a financiar esta extravagancia.

Qutub Minar, Nueva Delhi.

Qutub Minar, Nueva Delhi.

Al cabo de hora y media más o menos, decidimos volver a la ciudad, pero esta vez a visitar solo lo más emblemático. Tras mucho regateo en la entrada del complejo conseguimos un taxi a los Jardines Lodi por 400 INR. El taxista nos comentó muchas cosas acerca de su familia, su alimentación y que solo se alimentaba de leche de búfala y cebolla. Vivían 13 personas en la misma casa. Tenía 45 años y no tenía ni una cana mientras señalaba su cabeza. Soy muy fan de conversar con la gente local, sobre todo cuando te cuentan cosas personales.

Los Jardines Lodi, son un gran extensión en medio de la ciudad donde se puede respirar tranquilidad y silencio,. Mucha gente viene aquí a pasear, correr y dormir a la sombra de los árboles como mi padre. Hay varios templos diseminados por el recinto y un gran estanque rodeado de jardín. Dimos un paseo por el parque entrando en todos los templos vacíos aprovechando la tranquilidad. La verdad que la ruta de ese día estaba siendo mucho mejor que la anterior, así que a partir de ahora, a menos que quisiésemos callejear, nos desplazariamos en tuk-tuk de un punto a otro, viendo la realidad de la ciudad desde el motocarro con aire acondicionado natural.

Jardines Lodi, Nueva Delhi

Jardines Lodi, Nueva Delhi

De allí nos fuimos por 40 INR al Mausoleo de Humayun (250 INR), impresionante tumba de arquitectura mogol precursora del Taj Mahal. El templo está rodeado de jardines muy cuidados que también albergan pequeños mausoleos. Hacía un calor y humedad infernales, así que una vez pasada la gran puerta que se abría al templo nos quedamos un buen rato a la sombra observándolo.

Es igual que el Taj Mahal pero en color rojo y sin sus cuatro minaretes rodeándolo. Entramos en su interior, visitando sus tumbas hasta que el hambre y la sed nos obligaron a marchar.

Mausoleo de Humayun, Nueva Delhi

Mausoleo de Humayun, Nueva Delhi

Ya en la salida contratamos un tuk-tuk que nos llevó al Indian Bazaar, donde comimos en un restaurante indio. De allí callejeamos por los mercados de especias hasta que decidimos irnos al Templo de Loto. Regateamos un taxi hasta 120 INR y tardamos como media hora en llegar a la entrada. El mismo tuktukero nos dijo que esperaría a que saliésemos para llevarnos al hotel por 100 INR si accedíamos en el trayecto a visitar un par de emporios de los que se lleva una comisión, comprásemos algo o no.

Esto sale en la Lonely Planet, pero como ya deben estar al tanto, te lo confiesan, asegurándote que no es necesario comprar, pero solo por llevar turistas les dan cupones de comida y combustible. La verdad que siendo así, no nos importaba para nada dedicar unos minutos a ver la carísima artesanía india que encuentras más barata en los puestos callejeros.

El Templo de Loto es una moderna construcción en el sur de Delhi que tiene forma de flor de Loto y da una idea de la buena convivencia de todas la religiones en el país. Absolutamente todas las personas, sean de la religión que sean, pueden acudir a este templo que carece por completo de representaciones religiosas. El sitio es enorme y merece la pena verlo, tanto el templo en si, como el crisol de religiones que estaba allí rezando.

Templo de Loto, Vieja Delhi

Templo de Loto, Vieja Delhi

Los visitantes entran en su interior por tandas para que no se sature y el que quiera se puede quedar rezando. Justo cuando estábamos dentro empezó a llover y como nuestra intención no era rezar, salimos bajo la lluvia caliente de vuelta al tuk-tuk. Le dijimos al conductor que no nos apetecía ir a ver nada, era nuestro segundo día en Delhi y queríamos llegar cuanto antes. Tardamos como 45 minutos-1 hora en atravesar la ciudad. La conducción es bastante temeraria, en las carreteras de la india no hay leyes de ningún tipo, ni códigos de circulación. Es un poco como si los sueltas a todos y les dices “tonto el último“, y venga a la locura, y todos pitando sin parar, motos, coches, carros, tuk-tuks, vacas, rickshaws, perros y todos con preferencia.

Una vez en Paharganj, caminamos por Main Bazaar hasta la plaza, paramos en una agencia de viajes donde ofertaban transfer al aeropuerto por 350 INR y lo contratamos sin pensarlo. Seguimos hasta la plaza y subimos a uno de los muchos restaurantes con terraza en la azotea y cenamos mientras observábamos cómo transcurría la vida desde lo alto. Hicimos una larga sobremesa antes de dar una vuelta por el bullicioso barrio, entre tenderetes de verduras y demás comida fresca del país. Después volvimos al hotel para dejarlo todo preparado para el día siguiente. Nos venían a buscar a las 8.30 y nuestro vuelo salía hacia Varanasi a las 10.30, así que nos metimos en la cama cerca de las 23.00 de la noche, con ciertas ganas de dejar atrás la locura de Delhi y conocer una de las ciudades más sagradas del hinduismo y de la que todo el mundo recalcaba como imprescindible en cualquier viaje a la India.

Paharganj, Vieja Delhi

Paharganj, Vieja Delhi

LEAVE A COMMENT