Petra, Maravilla de la Humanidad

AVENTURA por el MUNDO

El Monasterio de Petra

Petra, Maravilla de la Humanidad

Cómo recorrer Petra entera en dos días

Ese día pusimos el despertador a las 6.15 de la mañana. Mi intención era entrar en el Siq antes de que lo hicieran las hordas de turistas y viajes programados. Desayunamos en el buffet del hotel y salimos hacia el centro de visitantes, parando previamente para comprar agua y algo de comer. Tras la cola de rigor, pagamos la entrada de dos días, para lo cual es necesario el pasaporte, pues la entrada lleva tu nombre impreso. Un día 50 JD, dos 55 JD, 3 días 60…y si vienes directo de Israel o Egipto para ver Petra en el día y salir del país, 90 JD (esto me parece un mojón).
En principio me pareció carísimo, pero si te paras a pensar, te cobran 25 euros en Barcelona por ver la Sagrada Familia o en Estambul por ver Santa Sofía y esto es Petra, una de la siete maravillas del mundo, una ciudad de más de 2000 años de antigüedad, con más de 600 tumbas talladas en la piedra, algunas colosales… viéndolo así no me parece tan desorbitado, además, ya que estas aquí pues lo pagas, no creo que a nadie le pille por sorpresa o se dé la vuelta porque considere un precio abusivo, eso sí, los jordanos pagan 50 veces menos… exactamente 1 JD. Comenzamos la bajada hacia la entrada del Siq, creo que todo viajero que viene por primera a vez a Petra, tiene la misma sensación de emoción y éxtasis al aproximarse a la entrada. Nos adentramos en el Siq prácticamente solos, serían en torno a las 7.30 de la mañana y el sol ya estaba en lo alto, carros tirados por caballos iban y venían por el angosto desfiladero transportando a los turistas.

El Siq es un estrecho desfiladero formado por una falla geológica que marca la entrada a la antigua ciudad de los Nabateos. Llega a alcanzar los 200 metros de altura y a estrecharse hasta 2 metros en algunos puntos. Toda la ciudad de Petra es de arenisca, lo cual facilita el tallaje sobre ella, lo que permitió esculpir las magníficas tumbas que se encuentran a lo largo de todo el yacimiento arqueológico. Además la ciudad está construida, mejor dicho, tallada en una cuenca, con lo cual, todo el agua de la zona iba a parar aquí. Los nabateos aprovechando esta circunstancia construyeron unas canalizaciones a ambos lados del Siq, con objeto de conducir el agua al interior de la ciudad y abastecerse de algo que realmente escaseaba en la zona, como aún puede apreciarse en muchos puntos a lo largo del desfiladero de 1,2 kms de longitud.

 No se puede imaginar una entrada más fascinante para Petra, a medida que te aproximas crece la expectación cuando de repente una parte de la fachada del tesoro aparece entre las paredes ondulantes del Siq. Al final del cañón, el Tesoro se alza ante ti con sus 2200 años de historia contemplándote. Y aquí, frente a uno de los puntos álgidos de Petra, no te puedes resistir a quedarte un buen rato sentado observando la fachada, casi intacta, del Tesoro. Como disponíamos de dos días para visitar la ciudad, decidimos tomárnoslo con relativa calma, pero abarcando lo máximo posible, incluyendo los tres principales miradores.

El Tesoro de Petra, Jordania

El Tesoro de Petra, Jordania

El Tesoro o Al-Khazneh en árabe, es uno de los puntos más impresionantes de la ciudad oculta, donde sus visitantes se enamoran de ella. La fachada se encuentra en perfecto estado de conservación al hallarse confinada en un espacio tan reducido y a salvo de los factores meteorológicos, en especial del viento, que arrastra partículas de arena puliendo progresivamente las paredes de arenisca. Tallada como sepulcro de uno de los reyes nabateos, cuenta la historia que un faraón escondió un tesoro bajo su fachada mientras perseguía a los israelitas. Beduinos y lugareños creyéndose la historia dispararon sobre la fachada para intentar abrir un agujero en la estatua principal y apoderarse de él. El Tesoro con 43 m de altura recibe la luz del sol a primera hora de la mañana, lo que aumenta la expectación dramáticamente. Los nichos de ambos lados se creen que eran para anclar el andamiaje durante su construcción. La razón de que empiecen a media altura, hace suponer que los escombros servían de andamio natural para los primeros metros de tallaje.

Estuvimos cerca de 45 min admirando la grandeza del Tesoro. Cuando decidimos seguir la marcha pasamos al Siq externo, descendiendo por la Calle de las Fachadas. Este tramo, donde el cañón se abre considerablemente, tiene ambas paredes repletas de más de 40 tumbas talladas de igual magnitud que el Tesoro, y desde mi punto de vista, también impactantes, aunque mucho más deterioradas.

La Calle de las Fachadas, Petra

La Calle de las Fachadas, Petra

En este punto, en lugar de seguir hacia el Teatro, decidimos tomar la ruta de Gebel Attuf que conducía al Altar de los Sacrificios, cuyas escaleras talladas se encuentran en plena Vía de las Fachadas. Unos 30 minutos, con varias paradas incluidas, nos llevó el ascenso entre las grietas serpenteantes de la montaña hasta los obeliscos de la cima.

Subida al mirador de , Petra

Subida al Altar de los Sacrificios , Petra

Una vez arriba, giras a la derecha y subes unos cuantos escalones más para llegar al Altar, que en si no tiene nada, pero las vistas sobre las Tumbas Reales son espectaculares. Aquí nos sentamos un rato a ver el trasiego de camelleros, burros, caballos, niños, beduinos y turistas que iban y venían allá abajo entre el Teatro y la Vía de las Fachadas. Para descender a la ciudad en lugar de retomar el camino de subida, bajamos por la ruta en dirección Wadi Farasa. Esta ruta, descendía entre formaciones rocosas multicolores, paredes veteadas en rosa, azul, rojo y multitud de flores a ambos lados del camino. Además prácticamente bajábamos solos, ya que mucha gente desconoce esta alternativa para llegar a la ciudad.

Petra a nuestros pies desde el mirador del Altar de los Sacrificios

Petra a nuestros pies desde el mirador del Altar de los Sacrificios

En el descenso, te puedes encontrar el monumento del León, una estructura nabatea que canalizaba el agua a través de la boca del animal, con un pequeño altar construido sobre él. Un poco más abajo, docenas de tumbas salpican el paisaje de roca veteada. La tumba del Jardín junto a una enorme cisterna de agua, la tumba del Soldado Romano y el Triclinio del Jardín son algunos de los mausoleos que te encuentras durante el descenso.

Bajando hacia Wada Farasa, Petra

Bajando hacia Wada Farasa, Petra

Llegados al centro de la ciudad, nos encontramos de frente con la multitud de turistas, camellos y beduinos gritando y ofreciendo transporte. Nos sentamos en una de las mesas del restaurante que estaba a la sombra e hicimos un pequeño receso antes de subir al Monasterio. Eran prácticamente las dos de la tarde y ya llevábamos 6 horas caminando sin parar. Yo personalmente no estaba cansado en absoluto y mis padres, tampoco, así que tras un descanso arrancamos hacia El Deir. Atravesamos el lecho de un río seco y comenzamos a subir con un desnivel bastante considerable y más de 800 escalones tallados que ascendían por la montaña.

El abarrotado centro de visitantes, Petra

El abarrotado centro de visitantes, Petra

Este trayecto estaba atestado de burritos de poca alzada que subían y bajaban transportando turistas. El camino es bastante escarpado en algunos puntos y roza el desfiladero sin barandillas. Aun así, los animales bajan y suben galopando al borde de los barrancos. Pequeños tenderetes de bisutería y suvenires aparecen en toda la subida hacia el monasterio. Llegamos al final 45 minutos después. Tengo que reconocer que esta subida puede ser ligeramente dura para algunas personas, sobre todo desentrenadas y mayores, acusada por el sol que cae verticalmente sobre ti a lo largo del ascenso. Una vez arriba la recompensa lo merece. Con toda la luz dándole de pleno se alza el Monasterio, con la fachada casi intacta y más grande que el propio Tesoro.

El Monasterio de Petra

El Monasterio de Petra

Esta obra maestra de 50×45 metros sorprende por su arquitectura, contrastando con las rocas erosionadas que circundan la fachada. Articulada en dos niveles, proyecta una imagen simétrica coronada por una enorme urna. Hubo un tiempo que se pensaba que el Monasterio fue la tumba de un rey nabateo, pero recientes estudios conducen hacia otra posibilidad. La presencia de cruces grabadas, ausencia de nichos en su interior, largos bancos en las paredes laterales hacen pensar que el DEIR fue construido como templo-cenotafio para conmemorar la figura de un monarca divinizado. 

El Monasterio de Petra

El Monasterio de Petra

Como llegué hasta el Monasterio bastante antes que mis padres, me senté en las mesas del restaurante que está justo en frente a admirar esta maravilla hasta que llegasen. Estuve contemplando su fachada durante media hora. Mis padres se sentaron junto a mí hasta que decidimos dirigirnos hacia los dos miradores que parten de la explanada del Deir, “el mirador del fin del mundo” y “las mejores vistas del mundo”. El más alto de los, el que se extiende más allá de la tumba 468, permite disfrutar de unas vistas impresionantes, no solo de Petra, sino del desierto jordano de Wadi Rum, Israel, y todo lo que alcanza la vista desde Wadi Araba hasta más allá de la cuenca del Mar Muerto.

El primer mirador, el que reza el cartel de “best views” te permiten contemplar el Monasterio y todas las montañas circundantes de ese característico color amarillo de la arenisca. Aquí nos sentamos mientras caía el atardecer sobre nosotros y un beduino tocaba y cantaba melancólicamente detrás de nosotros, grabando la escena para siempre en mi memoria.

 Como empezaba a acercarse peligrosamente las 17 de la tarde comenzamos la bajada con intención de disfrutar del Tesoro antes de que se hiciera de noche y nos echaran del recinto. Digo esto porque Petra no tiene luz artificial de noche y te puedes despeñar. El descenso nos llevó media hora escasa, atravesamos la Calle de las Columnas, con las fachadas de las Tumbas Reales al fondo recibiendo directamente la luz del sol. Pasamos por delante del Teatro, Vía de las Fachadas y llegamos por fin al Tesoro.

Nos sentamos en los bancos y estuvimos casi hasta las 18.30 contemplando su fachada casi en soledad, ya que la mayoría de los turistas se habían retirado hacía rato, solo quedábamos 4 gatos sentados en aquellos bancos y los camelleros ofreciéndonos la vuelta al centro incluida con la entrada -propina aparte-.

Como al día siguiente volvíamos, retornamos al hotel disfrutando de los 1,2 km de Siq que nos separaba del centro de visitantes. Cogimos el coche y arrancamos hacia el hotel completamente enamorados de la antigua ciudad de Petra. Tras una larga ducha, bajamos a cenar por la ciudad. Elegimos un restaurante que acababan de abrir, según nos dijeron en recepción, que tenía bastante buena pinta y los precios bastante ajustados. Mi padre pidió un pollo asado con arroz y para mi madre y para mi mix de carnes al grill, humus y ensalada árabe (18 JD, con bebida incluida).

Tras la cena, fuimos a tomar una cerveza sin alcohol -no vendían de otro tipo- y a fumar sisha, en la cafetería que había justo delante. Al terminar, cerca de las 21, fuimos dando un paseo hasta una oficina de cambio Western Union (1euro=0.96 JD), no tan ajustado como en Mádaba, pero no había mucho más donde elegir y así disponíamos de dinero para pagar la excursión, noche incluida, dos días después en Wadi Rum, imaginando que en pleno desierto no habría casa de cambio o ATM´s. Volvimos al hotel, haciendo la parada de rigor en el lobby del hotel para conectarnos al wifi y subimos a dormir cerca de las 22.30 ligeramente derrotados de las casi 12 horas pateando Petra. Además al día siguiente, nos quedaba una jornada bastante parecida.

Al día siguiente, pusimos el despertador a la misma hora y bajamos a desayunar. Hicimos el check out y metimos las maletas en el coche. Ese día tardamos menos porque no teníamos que esperar la cola para sacar la entrada y fuimos directamente a la entrada del Siq. Volvimos a recorrer aquel desfiladero, más vacío que el día anterior. Reparamos en las canalizaciones de agua, en los restos de que aún quedaban del camellero y el camello y en todos los detalles de aquellas paredes ondeantes hasta que llegamos de nuevo al Tesoro.

Esta vez grabé en vídeo la entrada desde el Siq hasta la fachada y lo disfruté aún más si cabe que la primera vez. Como uno de los miradores que había en el planning de ese día era hacer la ruta para ver el Tesoro desde lo alto de la montaña, dejamos pronto el Siq y nos dirigimos hacia la Vía de las Fachadas. Aunque viera mil veces el Tesoro la sensación de emoción era la misma. Fuimos paseando frente al Teatro y echando un vistazo a los puestos situados a ambos lados del camino con intención de comprar algún recuerdo en forma de lámina, lienzo o similar, que reflejase la belleza de Petra.

Llegamos así a la primera Tumba Real, la impresionante Tumba de la Urna, reconocible fácilmente por las macizas construcciones en forma de arco en la parte inferior. Inicialmente construida como sepulcro, fue destinada en la época bizantina a cumplir las funciones de iglesia reestructurando la disposición de la misma, el gran patio exterior y dos salas laterales donde se organizaban banquetes honoríficos, así como un pequeño altar en la sala central. Las salas arqueadas de la parte inferior se construyeron quizás para albergar la morada de los monjes.

Tumba Real, Petra

Tumba Real, Petra

Una vez que llegamos a la parte alta, es decir, al patio exterior, nos encontramos de pleno con el tenderete de un beduino al que compramos, previo regateo, 2 packs de 14 láminas de Petra que publicó David Roberts en 1842 de Tierra Santa y que hoy lucen en el salón de mi casa junto a varios lienzos comprados en Essaouira o Chiang Mai.

La siguiente Tumba es la de la Seda, por el aspecto que muestra su fachada erosionada por el viento y coloreada de manera espectacular en rojo, azul, blanco, amarillo y que parece cubierta por una fina capa de seda. A continuación aparece la Tumba Corintia, totalmente erosionada por el tiempo, pero que en su origen debió de ser una de las fachadas más espectaculares de Petra, como la Tumba del Palacio tallada a continuación, con una envergadura de 50×45 metros.

Esta Vía al estar expuesta a la acción del viento y la lluvia han sufrido la erosión en sus fachadas, dejando al descubierto gamas policromáticas increíbles y destruyendo todos los detalles y belleza de su forma original. La última tumba que nos encontramos antes de coger el desvío hacia Gebel al Khubtha, fue la de Sexto Florentino, cuya fachada no se ve hasta el último momento al estar orientada al noroeste. Una inscripción casi invisible en el arquitrabe inferior informa de que es la tumba de Titus Sextius Florentinus, aliado del emperador Adriano y protector de la provincia de Arabia.

Subiendo por Gebel al Khubtha para ver el Tesoro de Petra desde arriba

Subiendo por Gebel al Khubtha para ver el Tesoro de Petra desde arriba

Aquí tomamos el camino hacia Gebel al Khubtha, para ver el Tesoro desde arriba. Esta ruta, calificada por Fabio Bourbon en su Guía Arqueológica de Petra, está sugerida para aquellos que quieran afirmar que han visto Petra “entera” y como no, nosotros queríamos estar en este grupo.

La ruta es una interminable consecución de escaleras y rampas que permite disfrutar de formidables vistas de la ciudad antigua y sus inmediaciones. El camino atraviesa, arcos, cisternas, rebaños de cabras, y donde sí que puedo afirmar que nadie más frecuentaba este sendero. Una vez en la cima, la ruta vuelve a descender por un camino de tierra hasta el borde de un barranco, donde, por fin, aparece el Tesoro bajo tus pies.

Gebel al Khubtha y el Tesoro de Petra desde arriba

Gebel al Khubtha y el Tesoro de Petra desde arriba

Allí mismo, había un beduino llamado Eghab que estaba preparando té. Mientras un argentino y yo observábamos el Tesoro desde las alturas y nos sacábamos fotos, el joven beduino se acercó a nosotros y nos ofreció una taza de té. Amablemente aceptamos y nos indicó que podíamos sentarnos con él en lo que parecía una especie de tienda-haima con alfombras extendidas en el suelo. Con perfecto inglés, nos contó con voz tranquila que dormía allí las noches despejadas y que el mismo había levantado aquella choza en un solo día, gracias a sus dos burritos que pastaban cerca. Con su inglés aprendido de los turistas, nos comentó que había nacido allí, que conocía perfectamente aquellas montañas y que apenas tardaba cinco minutas en subir o bajar de aquel mirador hasta el Teatro descolgándose por la pared.

Mientras contemplábamos atónitos a Eghab, él iba rellenado nuestras tazas de té, sentados en lo más alto de la montaña que alza sobre el Tesoro. Al poco llegaron mis padres, y tras descansar un rato al borde del barranco, me despedí amablemente de Eghab e iniciamos el descenso. Aquella ruta había sido una de las más espectaculares, haciendo de guinda en un día completo. Una vez abajo, recorrimos en sentido inverso las Tumbas Reales, reparando en cada una de ellas y nos dirigimos directamente al Teatro, a su parte más alta protegida por el sol, para descansar tranquilamente observando la ciudad que se extendía ante nosotros.

El Teatro y las Tumbas Reales de Petra

El Teatro y las Tumbas Reales de Petra

El Teatro de Petra, esculpido en roca y con capacidad para 7000 espectadores, está situado en una cuenca al inicio de la ciudad. Actualmente restaurado debido a los numerosos terremotos que fueron destruyendo su superficie, todavía pueden apreciarse fracturas y toda la gama multicolor de estratos que ha quedado expuestos. Subimos todos los escalones hasta la parte superior y nos sentamos a la sombra a descansar.

Al cabo de media hora y gracias a un grupo de niños que entraron chillando en el Teatro y tomándolo como su fortaleza, nos vimos obligados a seguir el camino hacia el Tesoro por última vez. Eran cerca de las 14 y queríamos visitar la Pequeña Petra, antes de salir hacia Wadi Rum, así que fuimos a sentarnos frente al Tesoro durante una hora aproximadamente. Me negaba a abandonar aquel lugar mágico, habían sido dos días intensos en los que habíamos pateado la mayor parte de Petra y ahora no quería entrar en el Siq para dejar la ciudad sin saber cuándo iba a volver a visitar aquella maravilla.

Finalmente entramos en el desfiladero y poco a poco fuimos dejando atrás la fachada del Tesoro, ocultándose de nuevo tras el Siq. Por cuarta vez, recorrimos el cañón hasta la salida. Eran cerca de las 16 de la tarde y el hambre empezaba a apretar tras llevar todo el día sin comer. Una vez fuera, fuimos a comer a uno de los primeros restaurantes que hay según sales del recinto. Un chiringuito jordano con terraza, donde comimos excelentemente por menos de 20 JD, donde además pude recargar el iPhone para poder utilizar el GPS hasta el centro de visitantes de Wadi Rum.

Con una breve parada en la Pequeña Petra, cogimos la Carretera de los Reyes dirección Aqaba, tomando el desvío hacia el desierto con la noche ya cerrada y llegando al centro de visitantes sobre las 20.00 de la noche, tardando aproximadamente 2 horas llegar al pueblo de Rum.

El Monasterio de Petra

El Monasterio de Petra

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