Ruta hacia el desierto en 4X4

AVENTURA por el MUNDO

Ruta hacia el desierto en 4X4

Como nos venían a buscar a las 8.30 a la puerta del hotel de Marrakech, nos levantamos sobre las 7.30, subimos a desayunar, hicimos una bolsa con todo lo necesario para los 4 días de tour y dejamos la maletas en el baggage room del hotel, puesto que a la vuelta teníamos noche reservada en el mismo riad. Antes de comenzar expongo la ruta hacia el desierto del Sahara que habíamos pactado en la agencia, con las principales paradas, y digo principales porque paramos muchas más veces, según nos apetecía:

-DIA 1: MARRAKECH-ALTO ATLAS-AIT BEN HADDOU-VALLE DEL DRAA-AGDZ-ZAGORA
-DIA 2: ZAGORA-TAMEGROUTE-ALNIF-DESIERTO DE MERZOUGA (trayecto por pista)
-DIA 3: MERZOUGA-RISSANI-ERFOUD-TODRÁ-TINGHIR-BOULMANE DADÉS
-DIA 4: DADÉS-VALLE DE LAS ROSAS-SKOURA-OUARZAZATE-MARRAKECH

Vinieron puntuales a recogernos. Allí nos presentaron a Ibrahim, nuestro conductor guía que demostró conocer perfectamente esta ruta y era conocido por todo el mundo allá donde parabamos. Además de excelente persona, gran guía, comentándonos las diferentes costumbres y tradiciones de su país y explicándonos todo lo que veíamos a medida que avanzamos. Hechos todos los trámites, salimos de Marrakech en un todoterreno con aire acondicionado en dirección al Atlas. Poco a poco fuimos dejando atrás la zona metropolitana y entrando de lleno en las zonas rurales. Camiones de melones y animales, tractores, casas hechas de adobe y con ese característico color rojo de la tierra marroquí.

A medida que íbamos subiendo al Atlas fuimos parando en los mejores miradores que encontrábamos hasta que llegamos al puerto Tizi n´Tichka, a 2260 m, ofreciendo espléndidas vistas que alcanzan hasta el Tobkal. Tras la parada de rigor, seguimos el camino hasta un restaurante para visitar una pequeña cooperativa de aceite de Argán (turistada). A mi me pareció un poco escaparate. Aparte de ser un decorado, te van mostrando todo el proceso de fabricación hasta su envasado que luego intentan venderte a precio de oro líquido.

Vistas desde el Atlas, ruta hacia el desierto del Sahara

Vistas desde el Atlas, ruta hacia el desierto del Sahara

Este aceite, base fundamental de la cultura bereber, es utilizado desde tiempos ancestrales tanto en necesidades alimentarias -solo existe en Marruecos- como en cosméticas, farmacéuticas y medicinales. Había allí una serie de mujeres que molían y trituraban las semillas de argán para la extracción del aceite. Una chica marroquí nos comentaba en castellano todo su proceso y nos daba a probar los diferentes sabores del aceite que producían para uso culinario. A pesar de ser una turistada máxima, te enteras de todo el proceso de fabricación sin estar obligado a comprar, aunque la presión que ejercen sobre ti después de explicarte todo el proceso es considerable y como no, caímos en la compra. Como no llevábamos repelente de insectos para el desierto, cogimos una pequeño bote de aceite con citronela. Además, como mi madre no quería irse de Marruecos sin comprar aceite, nos asegurábamos de que este era el auténtico, cosa que no ocurre en los miles de puestos y tenderetes de Marrakech.

Seguimos la carretera en dirección Ouarzazate y a pocos km cogimos un pista de arena que nos llevó a la Kasbah de AIT BEN HADDOU. Esta Kasbah, Patrimonio de la Humanidad, es una ciudad fortificada, de las muchas que hay en Marruecos, pero especialmente espectacular debido a su posición. Situada en lo alto de un monte y rodeada por un río con frondosa vegetación en sus orillas. Ait Ben Haddou, está formada por un conjunto de casas de barro rojizo, rodeadas por murallas y representa el hábitat tradicional del sur de Marruecos desde hace siglos.

Kasbah de Ait Ben Haddou. Ruta hacia el desierto del Sahara

Kasbah de Ait Ben Haddou. Ruta hacia el desierto del Sahara

Entramos en la kasbah y subimos hasta el torreón más alto ya casi medio derruido desde donde teníamos magníficas vistas de todo el valle. Además, para llegar hasta el punto más alto, atravesamos sus estrechas callejuelas llenas de puestos de artesanía, donde aún siguen viviendo familias enteras y ha sido escenario de numerosas películas tan conocidas como Gladiator o Lawrence de Arabia. La parada también ofrecía la posibilidad de comer, pero era tanto el calor que hacía que solo nos tomamos unos zumos de naranja naturales. En cuanto acabamos, proseguimos la ruta rumbo a Ouarzazate, el cual pasaríamos de largo, reservando su visita a la vuelta.

Kasbah de Ait Ben Haddou. Ruta hacia el desierto del Sahara

Kasbah de Ait Ben Haddou. Ruta hacia el desierto del Sahara

De camino nos metimos de lleno en el Anti Atlas, cadena de montañas rocosas surcadas por cañones de piedra maciza, sin vegetación en su parte más expuesta a los áridos vientos del Sahara. Este macizo, está cortado a la altura de Ouarzazate por el valle del Draa, el cual se extiende hacia Zagora, cuya dirección seguíamos. Paramos en un mirador para ver el gran cañón que se alargaba bajo nosotros y los remotos pueblos que salpicaban el paisaje desértico.

Al Anti Atlas. Ruta hacia el desierto

Al Anti Atlas. Ruta hacia el desierto

A media tarde llegamos a Agdz, marcando el inicio del Valle de Draa, a comprar agua y yogures bebibles (5 dh la unidad) que fuimos tomando mientras atravesábamos la plaza principal del pueblo. Agdz, lejos de la civilización, emanaba la esencia africana. Polvoriento, sin asfaltar y un viento ardiente procedente del Sáhara. Los talleres amontonados a ambos lados de la carretera y puestos de comida y fruta estaban cubiertos de toldos roídos que daban cobijo los lugareños en pleno Ramadán.

En cuanto estuvimos listos, salimos de Agdz y entramos en el Valle del Draa. Este valle se abre paso a los pies del Anti Atlas y durante más de 200 km se convierte en un oasis de palmeras, huertos y agua que contrastan con las montañas rojizas de su alrededor. Seguimos por el valle durante un largo trecho, incluyendo varias paradas para fotografiar el oasis, hasta que llegamos a Zagora a eso de las 7 de la tarde. Ibrahim, nacido allí, nos dejó a las puertas del hotel y se fue en el 4×4 a ver a su familia, pactando antes la hora de recogida para el día siguiente.

Valle del Draa. Ruta hacia el desierto del Sahara

Valle del Draa. Ruta hacia el desierto del Sahara

Una vez en el hotel, dejamos el equipaje y bajamos a la piscina huyendo del calor que hacía. Allí estuvimos durante dos horas comentando el inicio de nuestro alucinante tour hacia el desierto. Cenamos en la terraza del hotel una sopa marroquí seguida de tajine de pollo, agua, pan y postre.  En cuanto acabamos, salimos a pasear por los alrededores y a visitar las tiendas de artesanía del lugar. Tengo que decir que estas tiendas de varios pisos son perfectamente visitables sin la obligación de comprar nada, además de vender gran cantidad de objetos marroquíes, te van invitando sucesivamente a té a la menta para incitar tu compra. Creo que tienes que decir que NO una media de 60 veces antes de dejarles claro que no quieres comprar nada y esto es extensible a todos los locales, puestos, tiendas y comercios de Marruecos. Pero merece la pena, entrar al menos una vez para ver las maravillas que venden. Al cabo de dos horas volvimos al hotel y nos metimos en la cama hasta el día, siguiente cuya parada final era el Desierto de Merzuga.

Nos levantamos a las 8 de la mañana y bajamos a desayunar antes poner rumbo a Merzouga. En cuanto tomamos el abundante desayuno, metimos el equipaje en el 4×4 y salimos de Zagora. Apenas 20 km al sur, Ibrahim nos sorprendió con el que fue el gran descubrimiento del viaje, Tamegroute. A las puertas de la ciudad, nos recomendó bajar a visitarla con la posibilidad de contratar un guía por 50 dh (4.5 euros), sin dudarlo accedimos a visitar Tamegroute.

En pleno valle del Draa, este pueblo, situado en la antigua ruta a Tombuctú, fue un centro religioso donde 10 siglos atrás, pasaban muchos manuscritos camino de Al-Andalus. Gracias a ello, este remoto pueblo posee una biblioteca con mas de 4000 papiros y pergaminos originales, encuadernados en piel de gacela y escritos en árabe. Lajsan, nuestro guía de origen senegalés, nos mostró la kasbah subterránea donde vivían familias enteras como la suya. La oscuridad allí debajo era bestial y se percibían sombras de personas apoyadas contra las paredes del túnel observándonos en la penumbra. Mientras caminábamos hacia la luz del final de túnel pensé cuántas familias vivirían en aquella kasbah subterránea de aquel pueblo perdido en mitad de ninguna parte.

Con nuestro guía Lajsan. Tamegroute. Ruta hacia el desierto

Con nuestro guía Lajsan. Tamegroute. Ruta hacia el desierto

Lajsan nos iba comentando en perfecto inglés las características del pueblo donde habitaban diversas etnias, incluyendo tuaregs, en casas de barro a modo de colmena y bajo ella. Llegamos a las puertas de la biblioteca donde nosa recibió el ancianísimo imán-profesor para explicarnos y mostrarnos los miles manuscritos que allí había. Matemáticas, astronomía, medicina, geología, derecho… cientos de libros escritos a mano conformaban un extraordinaria biblioteca que ni te imaginas que pueda existir en un pueblo como este. Tras la biblioteca, visitamos el cementerio, donde miles de tumbas se arremolinaban en un terreno rodeado de muros para protegerlo de los vientos del desierto. Mientras Lajsan nos contaba su historia, la del pueblo y la de su familia llegamos de nuevo al coche, nos despedimos de el y proseguimos el viaje impactados por la visita a Tamegroute.

Tamegroute, ruta hacia el Desierto del Sahara

Tamegroute, ruta hacia el Desierto del Sahara

Seguimos la ruta hacia el desierto y a los pocos kilómetros entramos de lleno en una pista que seguiríamos durante casi todo el día. Dejamos atrás el valle del Draa y con él la poca vegetación de la región, dando paso a un paisaje cada vez más árido y desolado. Seguimos la pista hasta que cogimos la carretera dirección Alnif, donde paramos a comer. Un restaurante en medio del desierto, donde paraban casi todas las excursiones a Merzouga.

Al cabo de dos horas, continuamos la ruta disfrutando del desierto que se extendía ante nosotros, parando apenas para sacar fotos y echar gasolina. Poco antes de llegar a Merzouga nos detuvimos en un pueblo que soy incapaz de recordar y no sale ni incluso en google maps. Allí nos aprovisionamos con 16 litros de agua y unos pañuelos tuaregs para nuestra excursión en dromedario por las dunas del desierto. Varios niños se arremolinaban sobre nosotros para vendernos abalorios por unos pocos dirhams. En cuanto nos enseñaron a ponernos el pañuelo tuareg continuamos hasta las dunas (turistada de las grandes).

Salimos de la carretera y volvimos a entrar en pista de arena, pocos kilómetros nos separaban del desierto y el atisbo de cualquier signo de civilización y vegetación ya había desaparecido. A medida que avanzamos empezamos a divisar las dunas de Merzouga, llegábamos justo a tiempo. Aparcamos delante de nuestros tres dromedarios que esperaban amarrados en fila india. Cogimos una botella de agua y nos subimos a sus lomos. Dos niños hacían las veces de guía y fotógrafos con nuestras cámaras.
A las puertas del Sahara. Merzouga

A las puertas del Sahara. Merzouga

En las dunas de Merzouga, la Puerta del Sahara

En las dunas de Merzouga, la Puerta del Sahara

Nos introdujimos poco a poco en las dunas. Es imposible explicar con palabras la belleza del desierto, la arena de color rojizo, fina e impoluta, marcada por las ondas producidas por el viento y un silencio absoluto. El único rumor que se oía era el paso de los dromedarios sobre las crestas de las grandes dunas. A medida que atardecía nos metíamos de lleno en el vasto arenal de Merzouga. Bajamos de los dromedarios y subimos a una gran duna para ver cómo se ocultaba el sol a lo lejos y sobre nuestras espaldas se alzaban a pocos kilómetros las montañas de Argelia. Fue sin duda una de las mejores experiencias de mi corta vida de viajero. Estuvimos largo tiempo observando el ocaso, sacando fotos y disfrutando de una vivencia única para nosotros.

Merzouga, la Puerta del Sahara

Merzouga, la Puerta del Sahara

En cuanto se puso el sol, los niños insistieron en bajarnos de la duna a modo de trineo sobre las alfombras (turistada máxima). Una vez abajo, nos vimos en la encerrona de tener que comprar los fósiles de aquellos niños a precio de oro y cuando digo oro, me refiero a 200 dh por pieza. A parte de que no me interesan para nada los fósiles, no me gusta tener que comprar por obligación y bajo coacción. Así que, frente a la negativa de regateo, les dimos 50 dh a cada uno sin comprarles nada. Comenzamos el camino de regreso a la haima que perfectamente duró una hora y se nos hizo noche cerrada mucho antes de llegar.

Con los bereberes en la haima, Merzouga

Con los tuaregs en la haima de Merzouga

Cuando llegamos tenían la mesa preparada sobre alfombras. Nos sirvieron sopa seguida de un riquísimo tajine de pollo. Pan para parar un tren, agua y postre. Al acabar, los tres tuaregs que estaban con nosotros comenzaron a tocar y a entonar cánticos tribales de su pueblo…allí tuve la total sensación de estar en África. En el África profunda y remota que aunque fuese parte de la turistada del desierto, sentías como si estuvieras en un poblado lejos de cualquier rastro de civilización. La haima era una tienda rústica hecha de tela con alfombras en el suelo. Había un baño apartado a pocos metros, no había agua caliente ni ningún tipo de lujo lo que hacía esa aventura mucho más auténtica y emocionante. Sacamos las camas a la arena y dormimos al aire libre en pleno desierto, pudiendo disfrutar de las estrellas fugaces propias del mes de agosto en el hemisferio norte.

Al día siguiente, nos levantamos a las 5.30 para ver el amanecer y los primeros rayos sobre las montañas de Argelia. En cuanto los primeros rayos aparecieron, la temperatura, hasta ahora muy agradable, comenzó a subir drásticamente por encima de los 30 grados antes de las 7 a.m.

Amaneciendo en el Desierto

Amaneciendo en el Desierto

En cuanto volvimos al campamento, desayunamos a lo grande, recogimos el equipaje y nos metimos en el coche. Antes de salir de Merzouga volvimos a las grandes dunas para hacer fotos, nos adentramos unos pocos metros pero el calor empezaba a ser agobiante que volvimos pronto al coche.

Merzouga, la Puerta del Sahara

Merzouga, la Puerta del Sahara

Regresamos a la pista en dirección a las Gargantas de Todrá. Pasamos por Rissani seguido de Erfoud, donde mujeres cubiertas totalmente aguardaban sentadas en la sombra de la calle, los niños iban y venían y un árido cementerio marcaba la entrada a la ciudad. Ibrahim nos ofreció ver un taller de mármol y otro de tallado de fósiles pero no nos interesaba un mojón así que proseguimos el camino.

De camino a Todrá, tuvimos la suerte de avistar dromedarios salvajes que atravesaban la antesala del desierto. Poco después cruzamos una zona llena de cientos de montículos de tierra muy característicos, separados pocos metros unos de otros. Ibrahim nos comentó que eran antiguos pozos de agua, excavados por la gente de los pueblos del desierto cuando venían en caravanas más de 100 años atrás. Nos comentó también que antes había mucha agua bajo esa zona concreta del desierto pero llevaba seca más de un siglo, agotada supongo por los caravaneros que cruzaban las dunas.

Dromedarios salvajes en el desierto de Merzouga

Dromedarios salvajes en el desierto de Merzouga

Dos horas después llegamos a Todrá antes de la hora de comer. Aparcamos justo en la entrada y nos aventuramos entre aquellos murallones atravesados por un río donde los lugareños se bañaban y hacían picnics. La verdad es que en aquella garganta no hacía ni gota de calor, las enormes montañas impedían que llegase la luz del sol y el río refrigeraba aún más el lugar. Nos metimos en el agua como ellos y remontamos el río desde su cauce hasta casi el final transitable. Justo llegando al final del recorrido empezó a caer el diluvio, corto e intenso, pero el diluvio. Nos resguardamos en el coche y como ya habíamos recorrido la mayor parte de las gargantas decidimos poner rumbo a Boulmane Dadés.

Garganta de Todrá. Ruta hacia el Desierto

Garganta de Todrá. Ruta hacia el Desierto

Justo a la salida de la garganta, Ibrahim nos comentó si queríamos visitar una casa nómada que se dedicaba a la fabricación artesanal de alfombras sin obligación de comprar nada (alerta turistada). Liderados por nuestro guía llegamos a la puerta de la casa aporreándola hasta que nos abrieron, interrumpiendo su vida casera. La verdad es que tuvimos la sensación de entrometernos en la casa por la cara, unas personas totalmente desconocidas recorrían sus estancias como si fuera un museo, algunos dormían en cámaras oscuras, lo cual hacía la visita más incómoda si cabe.

La casa era de adobe, suelo y escaleras de barro, decoración colorida y artesana, muy estrecha y con varios pisos que albergarían supongo las habitaciones. Nos llevaron a la parte superior y como todas las kasbahs de techo con bambú intercalado y una separación de 20 cms. Esta construcción es típica marroquí y se denomina kasbah, que quiere decir, casa de bambú.

Una vez, allí sentados en el suelo, nos ofrecieron té a la menta y comenzaron a explicarnos la historia de su familia. Una parte de ellos cuidaban de los animales en las montañas, vacas, ovejas y cabras en una zona que requería más de 6 horas de caminata. Desde allí traían las pieles y lanas y entre todo el pueblo se repartían la labor de trabajarla y elaborar alfombras como producto final, así que como ya esperábamos, tras unas breves preguntas personales comenzaron a mostrarnos el producto. Nos hablaron de los tintes naturales que usaban para teñirlas, de la decoración puramente bereber de cada alfombra muy arraigada a la naturaleza y como no caímos en la compra, nos comenzaron a explicar que gracias a las alfombras todos sus hijos e hijas podían ir a la escuela cosa que no pudieron disfrutar la mujeres mayores de la familia que ni siquiera hablaban árabe, únicamente lengua bereber propia de la gente nómada que no accedía a educación escolar.

Tras decir amablemente que NO, GRACIAS unas 60 veces conseguimos salir de allí con las manos vacías. El anfitrión nos acompañó hasta el coche y se despidió de nosotros alegremente. Proseguimos el camino hasta Tinghir donde Ibrahim paró a saludar a su familia. Tras la parada, continuamos el viaje hasta que tomamos el desvío que indicaba Boulmane Dadés, donde haríamos noche, tras visitar la enorme garganta.

Mujeres nómadas de Todrá. Ruta hacia el Desierto

Mujeres nómadas de Todrá. Ruta hacia el Desierto

Poco después, de camino a las gargantas, paramos en un punto para ver lo que se conocen como “dedos de mono”. Cerca de Ait Larbi, hay unas formaciones rocosas muy singulares, las cuales junto con las perfiladas dunas de Merzouga y las paredes verticales de Todrá son el reclamo turístico más visitado del Gran Sur. Estas formaciones de arenisca rojiza que perfectamente superan los 150 metros de altura y la sucesiva erosión va dejando al descubierto las capas mas duras dándole un aspecto redondeado, nos recordaron vagamente a Montserrat y en cierta medida a Capadocia…procesos geológicos y erosivos que modelan el paisaje de manera espectacular. Muchos vehículos y excursiones estaban allí admirando como nosotros los peculiares “dedos de mono”.

Tras la corta parada, proseguimos carretera arriba hasta Dadés. Si las gargantas de Todrá se visitan desde abajo, esta se hace desde arriba, sobre un mirador al que se llega por una sinuosa carretera en zigzag que domina todo el desfiladero. Como en Todrá nos pilló la lluvia, aquí queríamos recorrerlas enteras así que dijimos a Ibrahim que fuese bajando en el 4×4 que nosotros lo haríamos caminando. Y así fue, nos llevó poco más de media hora bajar aquella carretera que descendía por la garganta hasta la puerta del hotel. Al igual que en Todrá aquí tampoco hacia calor, lo cual se agradecía mucho sobre todo si íbamos a pasar la noche.

En cuanto bajamos, cogimos el equipaje del coche y lo llevamos a la habitación del hotel “Valley” muy acogedor y con una terraza enorme en la habitación con vistas a las gargantas. Nos duchamos y preparamos para bajar a cenar. Como era tradición de primero nos pusieron sopa y de segundo esperando tajine de pollo, nos sorprendieron con pinchos de carne como los que cenábamos en Marrakech, pero mucho más abundante. Tras acabar la cena salimos al porche del hotel que contaba con una pequeña terraza a tomarnos un te a la menta, mientras mandabas mensajes vía whatsapp con el wifi del hotel. Después de la noche en el desierto en donde habíamos dormido unas escasas 4 horas enseguida empezamos a notar los efectos del sueño y pronto subimos a la habitación a descansar.

Garganta de Dadés. Ruta hacia el Desierto

Garganta de Dadés. Ruta hacia el Desierto

Al día siguiente y ultimo de la aventura del desierto, nos levantamos sin prisa y bajamos a desayunar al abundante bufet libre del hotel. Salimos una hora después ya de vuelta a Marrakech a través del Valle de la Rosas. Este día básicamente lo empleamos en regresar, comenzamos por este valle que parte de Boulmane Dadés y discurre a los pies del Alto Atlas. Sin ninguna rosa a la vista por no ser época de floración que va de abril a mayo, mucha de la agricultura subsistencial de esta zona se basa, entre otras cosas, al cultivo de rosas, cuyo clima es idóneo para su trabajo posterior y permite la elaboración del conocido “agua de rosas” cuyo uso se destina a la ablucion o como aroma de repostería. Proseguimos el valle hasta Skoura, capital de la provincia donde paramos a fotografiar los nómadas ganaderos que cuidaban los rebaños.

Siguiendo la ruta de regreso atravesamos campos de cultivos, hoteles lujosos perdidos en los palmerales y siempre de fondo las montañas rojizas que contrastan brutalmente con el verde de la vegetación. A la hora de comer llegamos a Ouarzazate donde paramos a visitar la Kasbah de Taourirt. Ouarzazate, también conocida como “la puerta del desierto” se sitúa estratégicamente entre las montañas del Alto Atlas y el Rio Draa que riega el frondoso palmeral del mismo nombre. Su situación privilegiada ha dado lugar a que muchas películas de Hollywood se rodaran aquí, creando los estudios de cine Atlas y por tanto un punto turístico relevante en pleno sur de Marruecos.

La Kasbah de Taourirt, Patrimonio de la Humanidad, situada sobre la Medina de Ouarzazate, es una de las más bonitas de Marruecos. Aquitectónicamente es una desordenada superposición de muros de barro rojo y torres que conforman una potente fortificación, que domina las tierras altas del Atlas. El interior es un complejo laberinto de alcobas, pasillos, estancias y huecos geométricos con multitud de escaleras que conectan las múltiples dependencias. Las paredes son de enorme grosor, para protegerla de los vientos del desierto y está decorada con símbolos del islam y del judaísmo, dejando constancia del paso de los judíos por Marruecos que también se puede observar en algunos barrios de Marrakech o Essaouira.

Kasbah de Tourirt. Ouarzazate. Ruta hacia el Desierto

Kasbah de Taourirt, Ouarzazate. Ruta hacia el Desierto

En cuanto salimos de la Kasbah cruzamos la carretera y fuimos al restaurante donde nos esperaba Ibrahim, descansando a la sombra agotado por el Ramadán. Nos tomamos un refresco y proseguimos el camino hacia Marrakech. Cruzamos el Alto Atlas y más o menos a la altura del puerto Tizi n´Tichka, vimos un mogollón de gente asomada al acantilado. Paramos a ver qué pasaba y para nuestro horror comprobamos que un coche se había despeñado por el barranco!. Una cadena de marroquí se esforzaban por sacar a la familia que había sobrevivido. Por lo que pudimos saber, era una familia que volvía a su pueblo para celebrar el fin del Ramadán. Poco acostumbrados a cruzar este puerto de montaña, el coche se les había calado al pie del acantilado. Sin el motor encendido el freno no funcionaba y la gente que empujaba el coche para que arrancara provocó que se despeñase. Después del mal trago seguimos hasta Marrakech.

Antes de llegar al Riad le comentamos a Ibrahim si nos podía llevar a la estación de autobuses para comprar el billete a Essaouira para el día después. Nos llevó a la estación de Supratours donde cogimos los billetes (100 dh cada billete) para el trayecto de ida con aire acondicionado que salía a las 10 am del día siguiente. Acto seguido, con los billetes en mano, nos llevó a la plaza donde partimos 4 días atrás antes de comenzar la aventura hacia el desierto que nos permitió conocer gran parte del sur de Marruecos, paisajes impactantes, gente encantadora, oasis, gargantas, dromedarios, nómadas, el Atlas… y por supuesto el desierto, las grandes dunas de Merzouga que sin duda fueron lo más increíble de todo viaje.

Nos despedimos de Ibrahim, con la consabida propina, nos intercambiamos los mails y volvimos de nuevo al Riad Nesma. Abdul, el recepcionista, nos saludó efusivamente mostrándonos la suite “alaouites” donde haríamos noche por 45 euros. Dejamos las cosas en la habitación mientras nos preparaban un té a la menta con motivo del recibimiento. Nos duchamos, tomamos el té y salimos caminando hacia la plaza Djemma.

Ya estábamos de nuevo en el meollo de Marrakech, en el centro de la Medina, el barullo, los puestos, los vendedores y el humo de las barbacoas. Dimos un paseo por la plaza y buscamos un sitio para cenar. Lo hicimos en el restaurante Toubkal, con magníficas vistas sobre la plaza. Pedimos pinchos de carne, tajine de pollo y ensalada marroquí mientras veíamos el ambiente de la plaza cuando empezaron a sonar de fondo llamadas a la oración de las mezquitas de la Medina.

Tras la cena que aproximadamente nos salió por 120 dh, volvimos a recorrer los puestos hasta que enfilamos hacia la mezquita Koutubia donde miles de fieles rezaban sobre alfombras habilitadas en las inmediaciones. Cordones policiales separaban a los turistas que estábamos allí expectantes de aquella horda de musulmanes devotos lo que nos recordó a los momentos de oración que presenciamos en Estambul la Navidad anterior. La diferencia es que en Marruecos los no musulmanes no podemos entrar en las mezquitas debido a una antigua ley que impusieron los franceses durante la colonización. Al contrario que Turquía y Egipto donde la entrada si que está permitida por considerar que ambas religiones tienen un origen común. Al cabo de un tiempo volvimos al hotel a descansar, al día siguiente nos esperaba el viaje a Essaouira, donde pasaríamos dos días de relax playero.

Nuestra ruta hacia el Desierto del Sahara

Nuestra ruta hacia el Desierto del Sahara

1 Comment

  • Jone

    Muy buen post. ¿Te acuerdas con qué empresa hicisteis el tour? Gracias

    25 agosto, 2017 at 10:02

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