Varanasi: descenso al inframundo

AVENTURA por el MUNDO

Varanasi: descenso al inframundo

3 días en Varanasi: cremaciones, rituales y gastroenteritis

El transfer nos vino a buscar a la hora pactada y tras una hora de trayecto con atasco incluido, recorrimos los 23 km que nos separaban de la terminal doméstica donde salía nuestro vuelo hacia Varanasi con Air India (25 euros/pers.). Despegamos con puntualidad británica y durante la hora de vuelo nos sirvieron un desayuno bastante completo. Aterrizamos sobre las 11.45, desde el avión se veía el Ganges y una vasta extensión verde en las inmediaciones de la ciudad, aquello parecía otra cosa muy diferente a Delhi…. Recogimos las maletas y nos dirigimos al puesto de taxi prepago (700 INR), y a pesar de pedir a/a, el carro en el que nos llevaron no tenía ni de lejos semejante lujo.

A medida que fuimos entrando en la ciudad, empezamos a ver la realidad de Varanasi, casas destartaladas, cableado infernal y miles de personas por la calle. El taxi nos llevó hasta el punto donde solo podíamos seguir a pie, así que bajamos las mochilas y seguimos caminando, entre la gente, vacas, motos y un calor horrible. Nos guiaron hasta el hotel situado al borde del Ganges en el ghat Dasaswamedh. Mejor imposible.

Hicimos el check in, nos enseñaron la habitación con ventilador y a/a. Aunque el baño estaba fuera…y luego pagaríamos las consecuencias de este detalle en días posteriores. Dejamos el equipaje y subimos al restaurante en la azotea con vistas increíbles sobre el Ganges y Dasaswamedh. Nos tomamos un milkshake de plátano y mango, mientras charlamos con los trabajadores del hotel que incesantemente nos ofrecían circuitos por la ciudad, el chowk y los ghats. Les dije amablemente que preferíamos recorrerlo por nuestra cuenta, a lo que contestaron rápidamente que era una locura, que era una ciudad difícil, caótica y laberíntica y muy fácil perderse. No les faltaba razón, pero preferíamos descubrir Varanasi por nuestra cuenta y riesgo. Además con el mapa gps del iphone, no había posibilidad de pérdida…como así fue.

Al empezar la tarde dejamos el hotel y bajamos al ghat Dasaswamedh, centenares de barcas estaban orilladas al pie del río, así como varios hindúes bañándose en el Ganges, lavándose la cara, sumergiéndose en el agua marrón, lavándose los dientes e incluso haciendo gárgaras. Creo que este ritual o bien o te mata, o te inmuniza contra todo el resto de tu vida. Varios santones hindúes deambulaban por el ghat, con sus túnicas naranjas ajadas y raídas por el tiempo, con la cara pintada y un coletu en lo alto de la cabeza, caminaban hacia ti con su bastón de madera rogándote limosna. Niños medio desnudos, perros famélicos y sarnosos, mendigos y moribundos acudían al río por los ghats de la ciudad.

Ghat Dasaswamedh, Varanas

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

Con un calor sofocante, bordeamos el río en dirección a Manikarnika hasta que no pudimos seguir avanzando, a menos, que nos metieramos en el río de aguas cristalinas para sortear los obstáculos. El río había crecido tanto que algunos pasos eran intransitables y nos vimos obligados a entrar en el Chowk y recorrer aquellos callejones estrechos, donde miles de personas trabajaban hacinadas en cubículos minúsculos y claustrofóbicos. A veces los callejones eran tan estrechos que solo podía pasar una vaca, una persona o un perro, mientras los monos saltaban por los tejados sobre nuestras cabezas. Yo caminaba delante, intentando guiarme por el mapa para tratar de salir directamente al ghat de las cremaciones, mientras mis padres venían detrás impactados por aquel inframundo que era Varanasi. Los callejones se entremezclaban, a penas corría el aire y las motos pasaban a tu lado a toda velocidad.

El Chowk de Varanasi

El Chowk de Varanasi

Por fin tras casi una hora de caminar por el Chowk, tomamos una calle que nos condujo al río. No tenía ni idea de que ghat era aquel, pero habíamos sobrepasado con mucho el Manikarnika. Lo bueno es que apenas había gente por allí y se respiraba tranquilidad. Aquí decidí que era el momento de meterme en el río, aunque sólo fuera hasta la rodilla, me negaba a pasar por la ciudad y no meterme en el sagrado Ganges y dejar testimonio fotográfico…aunque me costase la vida jejeje. Después del baño purificador, e inmunizado hasta del ébola, caminamos bordeando el río al pie de todos esos increíbles castillos, palacios y hospicios que miran al Ganges, tan destartalados y decrépitos como la ciudad.

Baño en el Ganges, Varanasi

Baño en el Ganges, Varanasi

Muchos hindúes se bañaban en el río a lo largo de todo su cauce, hasta que nos encontramos con un grupo de chavales que gritaba en torno a un tío que parecía poseído por un demonio… o que había fumado medio kilo de maría. Seguimos avanzando dejando atrás el ritual voodoo y empezamos a divisar los templos medio inundados que te avisan de tu llegada a Manikarnika, con varios cientos de kilos de madera apilados por todas partes. En cuanto llegamos al ghat, se nos acercó un tipo advirtiendo que trabaja allí y nos podía hacer de guía…ya tardaban en llegar. A pesar de insistir en que no queríamos guía, se quedó con nosotros intentando explicar las características del crematorio. Nos condujo hasta una plataforma a pie del río desde donde se veían.

A cierta distancia había varias pilas funerarias humeantes, mezclándose los troncos ardientes con restos humanos. Varanasi es una ciudad santa del hinduismo y una de las más antiguas de la tierra, donde miles de hindúes moribundos acuden cada día a morir y ser incinerados, para después lanzar sus restos al sagrado río Ganges. En la religión hindú, así es como se rompe el ciclo de reencarnaciones y suben al cielo. Por esta razón puedes ver por la ciudad, y en especial en las inmediaciones del río, ancianos moribundos esperando la muerte, arrinconados en esquinas y callejones. Y como las incineraciones deben llevarse a cabo tres horas después de la muerte, por las calles del Chowk, corren grupos de parias portando a los muertos sobre sus hombros camino del ghat Manikarnika… Una visión que resulta bastante bizarra.

Ghat Manikarnika, Varanasi

Ghat Manikarnika, Varanasi

El guía nos condujo hasta una plataforma elevada donde se veían los cuerpos humeantes desde lo alto con todo lujo de detalles. El humo te entra en los ojos y lo respiras, mientras contemplas atónito cómo arden los cuerpos bajo la madera. En el agua, decenas de vacas se refugiaban del calor entre las barcas, mientras varias docenas de hindúes contemplaban desde las escaleras el espectáculo diario de las cremación. El humo nos obligó a salir de allí, y volvimos de nuevo a las calles del Chowk, en dirección a Dasaswamedh. Pasamos por delante del mítico BLUE LASSI y caí en la tentación de probar el que, según la Lonely Planet, es el mejor lassi de la ciudad -40 INR-. QUE ERROR. Compré tres lassies, uno para cada uno, pero como mis padres tenían el estómago cerrado, solo yo lo fui comiendo, un poco asqueado, por aquellos callejones angostos y sucios…sin saber que el efecto de sus bacterias se harían notar horas más tarde dejándome absolutamente cao.

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

Llegamos a Dasaswamedh y nos sentamos en las escaleras del ghat a esperar al ritual diario “GANGA AARTI”, una ceremonia de adoración llevada a cabo por cinco brahmanes situados en una especie de altar, ofreciendo un espectáculo de fuego, canciones y ofrendas a la madre Ganga. Pues allí estuvimos todo el ritual entre centenares de hindúes, turistas y devotos que acuden cada día al mítico Ganga Aarti. Sin más, quizás sea porque no soy un gran devoto. En cuanto acabó nos fuimos a dormir después de un día bastante completo, previo milkshake en la azotea del hotel, a pesar de que mis padres tenían totalmente cerrado el estómago tras nuestro paso por el Chowk de ciudad vieja de Varanasi. Esa misma noche mis padres sufrieron los efectos del calor y el aire acondicionado. Mi madre una insolación y mi padre las molestias del aire nos impidieron dormir y descansar nuestra primera noche.

A la mañana siguiente, además de dormir solo un par de horas, empecé a notar el comienzo de una gastroenteritis, pero como solo eran los primeros síntomas no le dí importancia. Mi madre y yo subimos a la azotea a desayunar mientras mi padre seguía reponiéndose en la habitación. Después salimos a recorrer los ghats de la ciudad en sentido contrario, es decir, remontando el río. Pasamos por delante de antiguos palacios y residencias reales, medio abandonadas y con un aspecto decadente y fascinante. Hospicios destartalados, guesthouses y casas medio derruidas mirando al Ganges donde las mujeres iban a lavar su ropa que tendían en las escaleras del ghat.

Ghats de Varanasi

Ghats de Varanasi

Los ghats conforman el mayor atractivo de la ciudad y toda la vida que le rodea, tanto aquellos que son usados para bañarse como los crematorios. Desde todos los puntos de la ciudad vieja existen callejuelas laberínticas que van a dar a los más de 80 ghats de la orilla oeste del Ganges. Llama mucho la atención que la otra orilla al ser sagrada, es un arenal desértico donde van a parar los restos humanos que son arrojados al río. A veces se veían barcas de madera cuya misión era ir recogiendo las ropas y restos que quedaban encallados en la orilla. Así como otras barcas de turistas fletadas para ver este espectáculo de terror. Creo que la vieja Varanasi es una ciudad tan única y sobrecogedora que todo viajero debería visitar al menos una vez en su vida, para vivir toda la muerte y espiritualidad que embarga a la ciudad.

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

Echamos media mañana en recorrer los Ghats del sur y regresar de nuevo a Dasaswamedh, el calor empezaba a apretar y comenzaba a ser insoportable. Fuimos a buscar a mi padre, que tenía unas ganas horribles de salir de la ciudad y decidimos salir a pasear a la parte “menos vieja”. Justo cuando salíamos del hotel, nos encontramos cara a cara con una imagen que nunca en la vida podré olvidar. Allí, en las escaleras que bajaban al río, entre mendigos, santones y moribundos, nos cruzamos de pleno con la devastadora imagen de la lepra. Varios leprosos, sin dedos, nariz y extremidades, remendados con harapos y apostados contra la pared, extendían sus manos pidiendo limosna. No en vano, en Varanasi alberga una de las muchas leproserías que aún quedan en el norte de la India junto con Calcuta, donde vendan y curan a los enfermos de una de las enfermedades más estigmatizadas de la historia.

Sobrecogidos y con mi padre a punto de coger un avión de vuelta a España, seguimos caminando hacia el límite de la ciudad vieja. Allí era más de lo mismo, pero con tráfico incesante y todos pitando a la vez. Dimos una vuelta por la inmediaciones y entramos en una especie de parque, donde se respiraba cierta tranquilidad, aunque más que un parque era un secarral deshabitado. Decidimos buscar un restaurante para tomar algo y huir del calor agobiante. Al igual que en Delhi resultó casi imposible, apenas hay restaurantes para comer, o al menos restaurantes para llevar a mis padres. La mejor opción en estos casos es ir directamente a los restaurantes de los hoteles, porque en la calle escasean. Encontramos uno cuando ya estábamos a punto de tirar la toalla y entramos sin dudarlo. Con 20 grados menos, nos sentamos a reponer fuerzas físicas y mentales. Pedimos comida india, un thali para mi padre y para mi, una ensalada para mi madre y agua en cantidades industriales.

Después de comer, padre se fué a dormir la siesta y mi madre y yo volvimos a recorrer la vieja ciudad hasta el Ghat Manikarnika. Esta vez, las impresiones no fueron tan duras como la vez anterior, por las calles del Chowk no hacia tanto calor ni había tanto barullo de motos a toda velocidad. En Manikarnika, nadie nos asaltó para hacernos de guía y además conseguimos llegar a lo alto de un hospicio donde pudimos ver perfectamente las cremaciones.

Varanasi

Las vacas del Ganges, Varanasi

Había varias pilas ardientes en diferentes estados de cremación. Pudimos ver como los parias traían por las calles los cuerpos en alto para introducirlos en el ghat antes de quemarlos. Habia varios cuepos apostados en las plataformas de cremación esperando ser incinerados. Increible. Después de un buen rato viendo el panorama, decidimos volver tranquilamente hasta el hotel. Antes de salir del hospicio un señor nos acosó para que diéramos limosna a una anciana que se arrastraba por el suelo para pagarse la madera de su cremación.

De la que volvíamos, nos cruzamos con varios grupos de parias que portaban a hombros cuerpos humanos en dirección a Manikarnika a toda velocidad. Una hora después llegamos a nuestro ghat y subimos a buscar a mi padre, estaba casi anocheciendo y el cansancio y mi gastroenteritis empezaban a hacer mella. Subimos a ver el ambiente de Dasaswamedh desde la azotea mientras pedíamos algo para cenar. Esta vez era yo quien tenía el estómago cerrado y solo pensar en comida india me provocaba náuseas. Mientras cenábamos contratamos con los trabajadores del hotel un tour por Sarnath para el día siguiente y acordamos el paseo en barca por el Ganges para ver los baños rituales al amanecer. Paseo que por cierto ofertaba el hotel de manera gratuita.

Así que otra vez a dormir poco. Esa noche se fue la luz y con ella el aire acondicionado y el ventilador. El calor en la habitación era horrible y crecía por momentos junto con mi fiebre. Abrimos las ventanas para que entrase aire fresco y lo único que entraba eran las miasmas que ascendían del Ganges. Decir que pasamos mala noche, es quedarse corto, me revolvía en la cama de lo mal que me encontraba. Una auténtica pesadilla y la luz sin venir. Le rogué a mi padre que si por favor podía ir a ver si se arreglaba el tema o me iría a dormir al río. Con suerte sobre las dos de la mañana volvió la corriente y con ella el a/a con lo cual nuestro sufrimiento se calmó un poco, aunque el mio continuaría 36 horribles horas más.

Cuando sonó el teléfono para avisarnos del paseo en barca, tenía tanto sueño que me entraron ganas de llorar, pero una inmensa necesidad de ir al baño, pasillo abajo, me hicieron saltar de la cama y correr hacia la letrina. Con cero ganas de pasear por el río, nos vestimos y bajamos al ghat. Ahora con la distancia, si que puedo apreciar la maravilla de recorrer la orilla del Ganges cuando la tenue luz del amanecer ilumina a los cientos de hindúes que acudían a su ritual diario de bañarse en el agua sagrada. Hombres, mujeres y niños medio desnudos se zambullían, se lavaban la cara y se sumergían para purificarse.

Los ghats rebosaban color por todas partes, desde los palacios y templos que se alzaban sobre el río, hasta los saris multicolores de las mujeres que te miraban desde el agua. El barquero remaba a brazo, mientras un guía iba comentando la historia y tradiciones de la ciudad. Tradiciones que se remontan cientos de años atrás y que, hoy por hoy, perduran.

Amanecer en Varanasi

Amanecer en Varanasi

Yo era casi incapaz de levantar la cabeza, aún tenía fiebre y temía que si alzaba la vista vomitaría sobre los pasajeros. Así que mi paseo fue casi una tortura con la única obsesión de volver al hotel para ir al baño. En algunos momentos, estuve a punto de tirarme al agua y volver corriendo al hotel….pero aguanté estoicamente hasta el final. Pasamos por el crematorio eléctrico, situado en dirección opuesta a Manikarnika, es decir, remontando el río. Tras mas o menos una hora de trayecto por el Ganges, regresamos a Dasaswamedh y volvimos al hotel. Aún varias docenas de personas se bañaban en taparrabos frente del hotel. Podía haberme quedado a contemplar el ritual, pero me fui directo a la cama-baño. Para mi Varanasi había tocado a su fin.

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

Ghat Dasaswamedh, Varanasi

A las 10 de la mañana nos venían a recoger al hotel para llevarnos en coche con conductor a Sarnath, una de las cuatro ciudades sagradas del Budismo, donde Buda predicó su doctrina por primera vez. Situada a 14 km de Varanasi, Sarnath llegó a albergar mas de 300 monasterios y unos 12.000 monjes. La ciudad floreció por el arte y el patrocinio de reyes y mercaderes de la vecina Varanasi hasta que fue devastada por los turcos, cayendo durante años en el olvido.

Bye Bye Varanasi, iba pensando en mi cabeza mientras salíamos de la ciudad. A las afueras se amontonaban kilómetros y kilómetros de basura donde niños, mendigos y animales rebuscaban entre los escombros. Una vez en Sarnath, el conductor nos dejó frente al templo budista que el Reino de Tailandia había erigido con objeto de veneración en la ciudad santa. Una enorme figura de Buda se alzaba al final de un bonito jardín, lo cual me hizo retroceder hasta mi viaje a Tailandia dos años atrás. Después, tras una breve parada en el baño público más horrible que te puedas echar a la cara, seguimos el camino hasta las Ruinas del Monasterio Budista. La entrada eran 100 INR, así que pagamos y entramos a ver aquel inmenso monasterio que contiene la estupa Dhakmekth de 34 m de altura, señalando la posición donde Buda dio su primer sermón. Cerca se encuentra el pilar de Asoka, coronado por el famoso capitel de 4 leones pero que solo conserva fragmentos de su base. Después de recorrer las ruinas del recinto seguimos hacia el Museo Arqueológico, donde yo no hacia mas que pensar en volver al baño. Allí está expuesto el Pilar de Asoka, muy bien conservado y que ha sido adoptado como emblema nacional de la India, así como cientos de antiguos tesoros, esculturas y antigüedades.

Sarnath, ciudad santa del budismo

Sarnath, ciudad santa del budismo

Aquí el conductor decidió llevarnos a la estación, eran cerca de las 14 de la tarde y nuestro tren salía de Varanasi Junction a las 17.15 dirección Khajuraho. Así tendríamos tiempo de comer algo y yo estar sentado mientras pasaba mi pequeña enfermedad. Nos dejó lejos de la estación y cuando nos despedíamos me hizo una seña para que le diese propina a lo cual le respondí que ya estaba incluida en los 2000 INR que nos costó el tour a Sarnath. Nos fuimos directos al restaurante de un hotel cercano mientras cientos de taxistas y tuk-tukeros nos agobiasen con el transporte. Mis padres comieron algo de arroz con pollo, mientras yo me alimentaba desde hacía 24 horas de lo único que mi cuerpo aceptaba ingerir…barritas de proteína.

Tres horas más tarde y varias visitas al baño después, cogimos el tren nocturno a Khajuraho. Habíamos comprado billetes en tercera clase y yo tenía unas ganas locas de dormir muchas horas, concretamente las 12 que tardaríamos en llegar a nuestro destino. Las literas disponen de sábanas y mantas, y el compartimento en el que estábamos tenía aire acondicionado potente. Nos vamos a Khajuraho

En mi próximo capítulo hablaré largo y tendido sobre los trenes de la India, las diferentes clases y como contratarlos mediante la aplicación Cleartrip.

2 Comments

  • Cristina

    Muy buena crónica, muy sentida desde todo punto de vista: olores, calor, humedad, más olores, retortijones de panza, pestilencias y un largo etc. Por las fotos se ve que no tuviste buen clima, además del calor. ¿Fuiste en mayo… junio…? Pobres tus viejos en hacer ese recorrido. He leído a algunos viajeros mochileros que vuelven a la India por la atrapante Kashi, ya lo veremos en directo y opinaremos. No olvidemos que lo único que tenemos es nuestra limitada mirada occidental.
    Abrazo viajero.

    9 octubre, 2016 at 23:12
    • David
      David

      Hola Cristina!
      Muchas gracias por tus comentarios!
      Fui en agosto, la verdad es que no nos llovió y el primer día hizo sol, pero mucho calor. Mis padres acabaron encantados con la India aunque hubo momentos duros jeje. La verdad es que es una ciudad que se te graba en la memoria, si aún no la has visitado, te lo recomiendo. Tiene pensado ir próximamente?? Un abrazo!!!

      10 octubre, 2016 at 16:24

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