Yogyakarta (Yogya)

AVENTURA por el MUNDO

Yogyakarta (Yogya)

Por fin llegó el día, tan solo 24 horas después de recorrer el Gran sur de Marruecos. Tiempo suficiente para deshacer la maleta, lavar la ropa y rehacer una nueva para Indonesia. Salí de Barcelona el 8 de agosto con Qatar Airways a las 15.45. Nunca había volado con Qatar y la verdad que fue una maravilla, tele personal, comida abundante y con unos asientos súper cómodos el viaje se hizo bastante corto. A las 23 de la noche aterrizamos con puntualidad británica en el Aeropuerto Hamad de Doha y aún quedaban muchas horas para llegar al primer destino, Yogyakarta.

Salí del avión y ¡WTF! debíamos estar a 40 grados por lo menos, en pleno desierto arábigo. Cogí el shuttle hasta la terminal de transfer y pasando los controles de seguridad, localicé la puerta de embarque.

El vuelo a Yakarta salió puntualmente a la 1.15 de la mañana aterrizando en el aeropuerto internacional Soekarno-Hata de la capital a las 15.30 del viernes 9 de agosto, con una diferencia horaria de 6 horas respecto a España. Visado y control de inmigración, todo muy sencillo y bien indicado. Con el pasaporte sellado ya estaba en Indonesia y como el vuelo a Yogyakarta salía a las 19. 40 h me dirigí la terminal doméstica caminando. También existen unos autobuses que conectan ambas terminales gratuitamente y de forma ininterrumpida. Hacía calor aunque menos de lo que esperaba, lo cual fue algo que se repitió durante todo el viaje, y salvo en la selva de Borneo, el calor no era insoportable como el agosto de Tailandia.

Llegada al Aeropuerto Internacional de Jakarta

Llegada al Aeropuerto Internacional de Jakarta

No me lo podía creer, un año entero esperando volver al sudeste asiático y allí estaba, reviviendo el olor, la humedad, la gente… con todo el viaje por delante y un país por conocer. Esta sensación, como viajero, no tiene precio. En cuanto salí de la terminal internacional varios taxistas vinieron en mi busca, pasé de largo y llegué a la terminal doméstica y localicé los mostradores de Garuda Indonesia (58 euros/vuelo). Garuda es la mejor compañía aérea del país, segura y puntual, además con su billete ya se incluyen las tasas de aeropuerto con lo que no tienes que pagar cuando dejas cualquier aeropuerto. Además, ofrece las mismas comodidades que las grandes, tele privada, comida y asientos amplios y cómodos. Su filial barata, Citilink, también resultó del mismo estilo.

Ya en el avión, despegamos con puntualidad. Una hora de trayecto me separaba de mi primer destino, Yogyakarta. Cerca de las 21 de la noche aterrizamos en el aeropuerto Adisutjipto, absolutamente enano para lo que yo me esperaba. Recogí las maletas y me fui directo a por un taxi, pidiendo como siempre taxímetro. El aeropuerto está relativamente lejos de la ciudad o eso me pareció a mí, puede que al ser noche cerrada se me hiciese aburrido pero los 40 min en coche no te los quita nadie. La carrera salió por 70000 INR hasta Prawirotaman III, zona de mochileros y cerca de una casa de cambio.

Como mi idea era coger moto para ir a ver los templos y en la propia Yogyakarta no había nada de un interés imprescindible, la ubicación del hotel solo respondía a razones económicas. Además según el mapa, estaba cerca de la calle Malioboro, centro neurálgico y social de la ciudad. Así que todo lo que fuese a visitar, sería en moto con el GPS del iPhone que me salvó la vida en más de una ocasión. El hotel era una guesthouse correcta, con piscina y desayuno incluido donde me alojé dos noches por 100.000 INR (¿estamos locos? 4 euros pers/noche) pues sí, muy barato. Deshice la maleta y me fui caminando hasta Malioboro porque ya era bastante tarde para alquilar una moto. ¡Qué error! La ciudad es enoooorme. Tardé más de una hora en llegar, además los indonesios tampoco fueron de gran ayuda, porque te dicen que si a todo aunque no tengan ni idea ¿10 min a la calle Malioboro? Yes, ¿40 min? Yes… y da igual en qué dirección o distancia, la respuesta siempre es sí.

Atravesé el Kraton -Palacio del sultán-, un parque con unos coches convertidos en animales con millones de luces fluorescentes súper horteras y un sinfín de rodeos por callejones desiertos. Cuando por fin llegué a Malioboro, cerca de la 1 de la mañana, solo había unos chiringuitos sucios y medio vacíos en la calle principal, con un olor muy característico. La idea era comer en sus puestos de comida y con la gente local, pero no lo vi claro, así que muy a mi pesar, entré en McDonald’s. Me llamó la atención que con cada comida te ponen un mogollón de arroz hervido envuelto en papel… y tonto de mí, pensé que me habían puesto una hamburguesa de más. Al acabar, salí a la calle y regresé al hostel en taxi.

Sobre las 8.30 bajé a desayunar. El desayuno consistía en tostadas con mantequilla y mermelada, café y zumo no natural. Tampoco había pagado para mucho más. Pregunté en recepción por alquileres de moto y me derivaron a un local muy cerca de allí que cobraban 85.000 INR al día, alegando que siendo sábado y temporada alta iba a ser muy difícil encontrar motos. Fíjate tú qué chorrada, en un país superpoblado donde hay más motos que habitantes. Como no me lo creí, pasé de largo y seguí la calle Prawirotaman. Al poco apareció un pequeño local regentado por un chavalete muy sonriente que me alquiló una moto por 55.000 INR/día (4 euros aprox.). Acepto la oferta, pago y abro Google maps con la ruta calculada con el wifi del hotel y salgo en dirección Borobudur.

No puedo explicar la sensación que tuve todo el trayecto, pasando por arrozales, millones de motos rodeándote en todas direcciones, vegetación tropical, volcanes… Llevaba un año esperando este momento. Tardé 1 hora y media en recorrer los 52 kilómetros que me separaban del templo budista más grande del mundo debido al célebre tráfico de Java. El templo está situado en medio de una llanura rodeada de volcanes y jungla tropical. Aparco justo frente a la entrada (1000 INR) y me voy a las taquillas. Como era estudiante de doctorado tenía carné universitario, por lo que mi entrada fue la mitad de las 190.000 INR que cuesta la entrada normal. Me dieron un sarong para cubrir las piernas y una botella de agua. Pasando un detector de metales entras directo en el recinto sin poder divisar aún el templo.

Templo budista de Borobudur. 50 kilómetros de Yogyakarta, Java

Templo budista de Borobudur, 50 kilómetros al norte de Yogyakarta

A pesar de haber visto miles de fotos nunca te imaginas que sería tan increíblemente grande. Una enorme estupa con forma de pirámide de base cuadrada de 123×123 metros, con 9 niveles que alcanzan los 35 metros de altura, los 6 primeros cuadrados y los tres últimos circulares. Vienen a representar la preparación mental para alcanzar el karma según la cosmología budista. Cientos de relieves van narrando la historia de Buda a lo largo de las fachadas de los diferentes pisos y varias estatuas de buda se sitúan en las plataformas circulares superiores hasta un total de 72. ¡Increíble! Todo, el templo, los budas en el interior de la estupas y las vistas del valle donde rodeado de volcanes, habría sido una pena enorme recorrer Indonesia y perderse los templos de Yogyakarta.

Templo budista de Borobudur. 50 kilómetros de Yogyakarta, Java

Templo budista de Borobudur, 50 kilómetros al norte de Yogyakarta, Java

Este templo fue construido en el s. VIII por la dinastía Sailendra. En sus grabados y relieves también aparecen símbolos hinduistas lo que hace pensar que no existía conflicto religioso entre ambas religiones. Además el templo hindú de Prambanan que visitaría horas más tarde, fue construido en la misma fecha. Sin embargo, Borobudur fue abandonado poco después de inaugurarse, debido probablemente por su cercanía al volcán Merapi, descubriéndose en el s. XIX cubierto de cenizas de volcán. Ha sobrevivido por tanto al paso de los siglos, erupciones volcánicas, terremotos, atentados terroristas y reconstruido de tal manera que hoy en día constituye el templo budista más grande del mundo, Patrimonio de la Humanidad.

Templo budista de Borobudur. 50 kilómetros de Yogyakarta, Java

Templo budista de Borobudur, 50 kilómetros al norte de Yogyakarta, Java

Subí al nivel más alto para disfrutar de las vistas del valle, reparando en todos los grabados y relieves para bajar de piso en piso rodeando cada nivel en el sentido contrario a las agujas del reloj. No sé porqué extraña razón muchas adolescentes javanesas querían hacerse fotos conmigo pensando que tienen que estar más que acostumbrados a ver occidentales a diario. Cuando bajas del templo te metes obligadamente en el mercadillo laberíntico que se encuentra antes de salir, en el cual compré una pagoda de piedra volcánica con un buda en su interior por 30000 INR (2 euros).

Cogí la moto y puse rumbo a los dos pequeños templos budistas que se encuentran a pocos kilómetros de Borobudur. Primero llegué por Pawon, un pequeño templo que se cree servía para purificar la mente antes de ascender a Borobudur. Muy pequeño, enano. Lo rodeé sin parar y seguí directo hacia Mendut. Este sin embargo, sí es digno de dedicarle un rato largo.

Templo budista de Mendut. 50 kilómetros de Yogyakarta, Java

Templo budista de Mendut. 50 kilómetros de Yogyakarta, Java

En su interior alberga tres budas sentados con las piernas en posición occidental, detalle que te venden como único en el mundo y años más tarde comprobé que también existen en Vietnam. Además, el entorno situado era una pasada, construido junto a un ficus de lianas que caían hasta el suelo, similar al que devora el templo de Ta Prohm en Angkor. El monasterio tiene forma de pirámide sobre una base cuadrada, lleno de relieves y unas escaleras de piedra en la fachada oeste que permiten la entrada al templo, la iluminación natural proporciona luz indirecta a los tres budas de más de tres metros de altura.

Templo budista de Mendut. 50 kilómetros de Yogyakarta, Java

Budas sentados en posición occidental,Templo de Mendut. 50 kilómetros al norte de Yogyakarta

Ponía rumbo a Prambanan cuando fui asaltado por unos niños javaneses para hacerse fotos conmigo a las puertas del templo. No se paga entrada, está incluida con la de Borobudur así que seguí mi camino hacia el templo hinduista. A pesar del GPS, eché casi dos horas en llegar al templo. Aquí había casi el doble de turistas y excursiones que en Borobudur, supongo que por su cercanía a Yogyakarta. Nuevamente descuento del 50 % por ser estudiante de la UB, sarong y agua mineral incluida.

Templo budista de Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Templo budista de Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Visualmente estos templos son, desde mi punto de vista, más impactantes que Borobudur, por su estilo, por su forma recortada, por su altura y por el conjunto en sí que conforman los 200 templos dispersos que están dedicados a la trinidad hindú. Primero visité los impresionantes templos centrales dedicados a diferentes dioses donde la gente hacía cola para entrar en ellos. Es increíble lo absolutamente recargadas que están en sus fachadas y recuerdan, de lejos, al conjunto arqueológico de Angkor. Después fui visitando el resto de los candis que están a su alrededor, todo hay que decirlo, totalmente vacíos.

Templo budista de Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Templo budista de Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Conjunto budista de Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Conjunto budista de Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Di la vuelta hacia los templos centrales caminando a medida que iba atardeciendo, para observar candi Prambanan mientras se ponía el sol detrás de él. Una vez fuera, comí en uno de los chiringuitos con varias chicas indonesias que te gritaban desde sus puestos para que comieras allí. Creo que elegí a la más simpática de todas, además de tener el chiringuito más vacío. Era la primera vez que probaba la comida indonesia y ni idea de que iba cada plato, además la chica no paraba de reírse y chillar como una loca. Pedí Mie Ayam, una especie de caldo con pollo y verduras que me encantó por 7000 INR y dos batidos de coco. Tras acabar, me despedí de la chica que seguía riéndose y corriendo descalza por el puesto, antes de volver a Yogyakarta.

Conjunto budista de Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Atardecer en Prambanan. 17 kilómetros al este de Yogyakarta

Tan solo 17 km, pero me llevó 1 hora volver. Dos carriles se convertían rápidamente en seis, motos por todas partes sin ningún tipo de orden que cuando se quedaban sin sitio invadían arcenes y carriles a destajo obligando a los vehículos que venían en dirección contraria a desplazarse a un lado. Hasta 5 personas en moto llegué a contar, perros, niños pequeños, mercancía pesada… en fin una locura máxima. Llegué al hotel cerca de las 19.00, ducha, ropa limpia y salí pitando hacia Malioboro. Importante: si vais en moto evitar esta calle a toda costa, es una trampa de la que no vais a poder salir en horas por el tráfico infernal que tiene, buscad mejor en las trasversales.

Quería un sitio local para cenar, y decidí probar suerte en los puestos que hay en una de las aceras de Malioboro. Me resultó extraño que no había ni un solo turista cenando allí, además, el aspecto de la comida era un poco raro y tenían unos barreños gigantes llenos de una especie de pollos huesudos muy raros que me llamaban mucho la atención. Después de recorrerlos todos sin decidirme, me fijé en una de las cartas-menú que colgaba en las paredes de uno de ellos para familiarizarme con los platos e ingredientes. ¡WTF! Aquellos pollos raquíticos eran jodidas palomas fritas amontonadas y preparadas para emplatar. No gracias. Cené en un chiringuito ambulante montado en un callejón donde devoraban tres occidentales y varios indonesios. La comida estaba deliciosa e indonesia 100%. Pedí soto ayam, una sopa de pollo con arroz y verduras mientras disfrutaba de la tranquilidad del puesto viendo la vida que transcurría en la calle.

Al cabo de un rato, después de ver las fotos del día me acerqué paseando a Malioboro, viendo sus tiendas de ropa, sus mercados y sus tenderetes de artesanía y Batik. Paré en un puesto a comprar chocolate mientras decidí el planning del día siguiente antes de volver a la moto. De vuelta al hotel reposté gasolina que vendían en botellas a las puertas de un locutorio, 6000 INR el litro. A las 00.00 de la noche caí muerto en la cama.

En mi último día en Yogyakarta tenía como objetivo visitar el Kraton y sacar los billetes de autobús a Semarang para las 4 de la tarde. Al día siguiente tenía el vuelo a Borneo reservado con la compañía Kalstar. Pregunté en la recepción dónde estaba la estación y comentaron que estaba muy cerca de allí. Se podía llegar fácilmente caminando en media hora, lo situé en el GPS y arranqué la moto en esa dirección. En Yogyakarta resulta más fácil para desplazarse salir a una especie de autopista que rodea circularmente la ciudad si tu intención es cruzarla de un extremo a otro. De lo contrario estás obligado a sufrir el horrible tráfico del interior.

Aunque en el mapa parezca que no, Yogyakarta es grande y caótica. Callejear por ella es desesperante si no te queda más remedio. Como iba al sur, salí a la carretera que en esta parte se llama Jalan Selatan y llegué rápidamente a la estación Giwangan. Fui directo a la taquilla y pedí un billete a Semarang en bus con aire acondicionado. Se echó a reír y me dijo, señalando una lata destartalada con ventanillas y ocupantes hacinados, que aquel era el único tipo de bus que hacía la ruta de Semarang. El billete solo eran 2 euros, pero 4 horas en esas condiciones no me atraían mucho. Me dijo que los buses con aire acondicionado salían de la estación JOMBOR… ¡en el norte de la ciudad!. Venga no fastidies, ¿tengo que atravesar toda la ciudad?.

Salí pitando cogiendo la carretera circular que rodea Yogya y tardé cerca de 40 min en llegar. La estación está concretamente en el corte de las calles Jalang Ring Road Utara con Jalan Magelang, vamos diametralmente opuestas una estación de la otra. En cuanto llegué, pregunté por los horarios y me dijeron que el bus a/c a Semarang salía a las 16.00 y costaba 50.000 INR (unos 3.5 euros). Compré el billete y me acerqué a una de las tiendas de la estación para comprar unos tés al limón por 4000 INR (25 cent) y como aún eran las 11 del mediodía decidí ir a visitar el Kraton seguido del Mercado de pájaros. Tras perderme un par de veces y encontrarme con varios atascos, llegué después de 40 min a una de las entradas al Kraton.

Yogyakarta es la única región de Indonesia que aún mantiene sultanato, vestigio de la época precolonial cuando el imperio otomano seguía vigente. Actualmente el Kraton constituye el Palacio del Sultán, antes dominio privado de éste que ahora se encuentra densamente poblado. Aún contiene antiguas propiedades abiertas al público como las murallas, jardines, estancias de sus trabajadores y el Palacio de Agua. La entrada a todo cuesta 10000 INR. Recorrí todo lo visitable, desde las piscinas del palacio de agua, hasta los jardines, letrinas y estancias de las concubinas y empleados del sultán. Si has tenido la suerte de visitar el Palacio de Topkapi en Estambul, este se queda muuuuuy muy atrás, pero ya que estaba allí no perdía nada por visitarlo.

Pregunté en taquilla como llegar al mercado de pájaros y me recomendaron que era mejor desplazarse en moto, así que arranqué y me dirigí al mercado de pájaros situado a 15-20 min conduciendo en dirección sur. Un millar de motos estaban aparcadas en la entrada del mercado, no hay que pagar entrada, allí los locales van a comerciar con animales.

Tamansari, Yogyakarta

El horrible mercado de Pajaros, Yogyakarta

¡Horror!. Es ese tipo de mercado que condena Frank de la Jungla donde me encontré con todo tipo de animales totalmente hacinados y expuestos al sol, desde perros, dragones, murciélagos gigantes, tortugas y monos seguramente procedentes de la caza furtiva, hasta una especie de chamán que mataba serpientes con machete y se bebía su sangre. Millones de jaulas de pájaros colgaban por todas partes, los animales se agrupaban por secciones aunque no había ningún patrón. Vi muchos animales muertos o agonizantes por las precarias condiciones de cautiverio. Podías encontrar tenderetes con recipientes llenos de gusanos, escorpiones y todo tipo de insectos. Jaulas donde convivían pitones con ratones vivos. Jaulas con lagartos, roedores, macacos, en fin un mercado que cumplía a rajatabla todas las formas posibles de maltrato animal.

El horrible mercado de Tamansari, Yogyakarta

El horrible mercado de pájaros, Yogyakarta

Como ya empezaba a hacerse tarde, salí del mercado y volví a la calle del hotel para devolver la moto, coger las maletas y buscar algún medio de transporte a la Estación Jombor. Cuando encontré un taxi que accedió a poner taxímetro fui conscientes de la antelación con que debes hacer las cosas en esta ciudad debido al tráfico, tardé 1 hora en llegar a la estación. Una vez allí y con 40 min aún para la salida del bus, decidí comer en uno de los chiringuitos de los muchísimos que había. Un Soto Ayam y un Nasi Goreng, con zumo tropical, una cajetilla de Marlboro, y comida para el viaje por unas 40000 INR (2 euros y medio). Cuando llegó la hora, metí la maleta en el bus y tomé asiento.

Estación Jombor, Yogyakarta

Estación Jombor, Yogyakarta

La distancia que separa Yogyakarta de Semarang es de tan solo 90 km, pero con un tráfico tan denso y sin autopistas hace que la ruta se alargue más de 3 horas. En ningún momento dejé de ver civilización, como si una ciudad infinita conectase ambas ciudades, lo cual da una idea de la conocida superpoblación de Java. El paisaje en la lejanía era un continuo avistamiento de volcanes.

Sobre las 19.30 llegué a las afueras de Semarang, donde me dejó el autobús. ¿Y ahora qué? estaba en una parada de bus a las afueras de Semarang. Intenté mirar qué líneas podían acercarme hotel, pero estaba en bahasa indonesia y no entendía ni papa. Una chica que venía en el bus con pinta de universitaria, se acercó y me dijo que ella me ayudaba. Le enseñé la dirección del hotel, paró un taxi, habló con él y me dijo, buen viaje y mucho cuidado. ¿Cómo que mucho cuidado? ¿Por qué? ¿Cuidado con qué? ¿Es peligroso? mierda… Me vinieron a la mente varias pelis de terror donde unos turistas se fían de un desconocido antes de morir… ese turista era yo.

Me dejaron a la puerta del hotel y la carrera fue ridícula, así que supongo que no iba a morir esa noche. El hotel Olimpic (200000 INR con desayuno) estaba cerca del aeropuerto y a buen precio. Tras el check in, pregunté cuánto se tardaba en llegar al barrio chino donde había un mercadillo de comida y salí a cenar.

La primera impresión de Semarang es que no es turística, casi nadie por la calle y los pocos que había me miraban como si fuera extraterrestre, lo cual me decía que los turistas no solían frecuentar aquellos barrios. Media hora después, cansado de caminar apareció de la nada una bici taxi, conocido como ojek sepeda, que me llevó al mercadillo. Pacté el precio previamente con señas porque no hablaba inglés, al indicarme un 2 con los dedos yo supuse que se refería a 2000 INR -15 cent- y me monté. Vaya pringao, 200 metros más allá estaba el mercado. Con razón era tan barato, así que le doy un billete de 2000 INR y se me queda mirando con cara de póquer. ¿Qué crees que te voy a dar 20000 INR por 200 metros? ¿Estás loco? Di media vuelta y entré en el mercadillo mientras se quedaba mascullando insultos dentro de aquel coche de juguete.

Todos los puestos del mercado eran chinos y vendían una mezcla de comida china e indonesia, la calle no tendría más de 400 metros y estaban a punto de cerrar. Entre los puestos se mezclaban karaokes donde chinos entrados en años berreaban canciones chinas sin ningún tipo de afinación. Mientras los familiares daban palmas totalmente descoordinados.

Recorrí los puestos una y otra vez y decidí cenar en un sitio que vendía una especie de rollitos pero mucho más densos y rebozados. Además compré una especie de crepes koreanas rellenas de chocolate en el puesto de al lado que estaban buenísimas. No recuerdo cuanto costó pero en total no llegó a 40000 INR. Lo cogí para llevar y decidí volver al hotel. La vida allí terminaba pronto, además al día siguiente tenía un vuelo a las 10.30 a Borneo y quería estar descansado para comenzar la aventura de los orangutanes.

Opté volver al hotel montado de nuevo en la bici-taxi, pero fijando el precio con la calculadora del móvil. Al final, pacté 10000 INR por llevarme al hotel. Muy poco dinero me pareció para todo el recorrido que tenía que hacer, además de ir tirando de mí a pedales. Si lo sé vuelvo corriendo. Como no hablaba inglés no para de picarme en la espalda y hacer gestos raros con la mano, metiendo el pulgar entre el dedo índice y el anular… al principio pensé que me preguntaba alguna cochinada sin parar de sonreír. Que tipo más raro, al final decidí pasar de sus gestos y llegar cuanto antes al hotel, cuando vi algo que me heló la sangre. Una imagen que no voy a olvidar nunca. Una figura cruzaba la calle a mi derecha, una mujer totalmente desnuda y descalza paseaba por medio de la carretera con el vestido bajo el brazo.

Entonces el conductor la señaló y volvió a hacer el gesto a la vez que hacían sonar una campanilla que tenía bajo el asiento, joder el tipo me preguntaba si quería prostitutas…Le dije que no y se desvió por un callejón oscuro. Al poco apareció una mujer en moto y se puso a mi lado, el conductor tocó de nuevo la campanilla a la vez que la chica me gritaba desde la moto ¿chiki chiki?… ¿pero qué es esto? Repetí que no con la cabeza pero le daba igual, después se desvió hacia unos burdeles bajo el seudónimo de KARAOKE y llegué a la puerta del hotel. Le di 10000 INR al conductor que puso cara de asco y me dijo que le diese más, ¿otra vez el mismo cuento? Lo siento es lo que pactamos, buenas noches y me fui al hotel.

Ya en la habitación, puse la tele y me eché en la cama a cenar lo que había comprado en el mercadillo chino aun pensando en aquella mujer desnuda caminando descalza por la calle. Al día siguiente comenzaba el tour remontando el río Sekonyer para ver los orangutanes de Borneo en su hábitat natural.

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    11 agosto, 2017 at 18:36

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